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POLÍTICA

Víctimas vascas del terrorismo intercambiaron experiencias en Madrid con damnificados por la matanza
12.03.09 -

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Un cálido sol que anuncia la primavera penetra a través del monumento de cristal de la estación madrileña de Atocha. Es un enorme monolito con forma de tubo que desde el exterior no dice gran cosa. Pero una vez dentro, la luz se proyecta como un foco sobre las personas que se colocan debajo y miran hacia arriba impresionadas. Un grupo de personas reconoce una frase en euskera entre cientos de mensajes de paz en todos los idiomas: 'Ez zaituztegu inoiz ahaztuko' (No os olvidaremos nunca). Las víctimas donostiarras de ETA acaban de descubrir el santuario de reflexión de sus compañeros de la masacre del 11-M.
«Esto da mucho respeto, se te pone la piel de gallina». Albino Machado salvó la vida hace trece años tras la explosión de una bomba de ETA bajo su coche. Era un cocinero civil que había trabajado en un cuartel de la Policía en Aldapeta. Sufrió graves mutilaciones en sus piernas. «En Euskadi no hay unidad política para hacer un monumento tan solemne de la mano de todos los partidos ni existe un reconocimiento ciudadano con las víctimas como aquí. Hace falta dar el último paso», reflexiona con voz entrecortada. Cerca de él está Pilar Gorostegui. Su marido también era cocinero civil, como Machado, y trabajó para la Comandancia de San Sebastián. ETA lo asesinó en enero de 2001 en Loiola.
Ambos viajaron a Madrid de la mano del Foro Municipal de Víctimas del Ayuntamiento de San Sebastián junto a varios donostiarras más afectados por el terrorismo y la violencia, como Carmen Ibarluzea, viuda del policía nacional Aureliano Calvo, asesinado por ETA en 1979; o Idoia Galarraga, tía del pequeño Jokin, que siendo un bebé sufrió graves heridas al explotarle en la Parte Vieja un juguete bomba que un familiar había encontrado en un establecimiento hostelero. Casi ocho años después, se desconoce la autoría de aquella acción que le costó la vida a la abuela del niño, Francisca Eraunzetamurgil.
Muchos prefieren guardar para sí sus sensaciones, pero Carmen Ibarluzea rememora cómo vivió desde el País Vasco aquel trágico día de invierno de hace cinco años en Madrid. 192 muertos y más de dos mil heridos. «Fue horrible. Aquello tuvo tal dimensión que te das cuenta de que de repente, y todos a la vez, un montón de gente está viviendo lo mismo que sufrí yo en mi día. Es impresionante».
Polémica en Atocha
En esa pequeña habitación del monolito, víctimas de diferentes lugares se encuentran entre sí. Vascos, madrileños, irlandeses, israelíes. Es el caso de un madrileño que perdió a su hijo en los atentados islamistas, y que vivió ayer en sus carnes, junto a la delegación donostiarra, las contradicciones de instituciones y políticos a la hora de apoyar a las víctimas. «Éste es un día especial para mí y quería estar en el monumento cinco o diez minutos. Pero nos han echado a todos de mala manera porque vienen ahora los políticos», denuncia.
Como él, decenas de víctimas del 11-M se agolpan tras la cristalera para observar cómo unos operarios extienden una alfombra azul por la que caminarían poco después el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, entre otras autoridades. «Para las víctimas no hay moqueta», se lamenta, con gesto triste, el padre del joven fallecido. A su lado, el donostiarra Albino Machado confirma su decepción. «La verdad es que se me ha quedado mal cuerpo. He visto a gente saliendo con lágrimas en los ojos».
La expedición donostiarra camina durante veinte minutos hasta el 'Bosque de los Ausentes', en el parque del Retiro. A su lado marchan más afectados del 11-M, víctimas del atentado de Omagh en Irlanda del Norte... Entre tanto desconocido, las víctimas de San Sebastián se topan con Mari Carmen Heras, viuda del histórico dirigente del PSE Fernando Múgica, asesinado por ETA en 1996. Ella pone voz a la indignación de muchos por la falta de representantes institucionales en el 'Bosque de los ausentes'. «El Gobierno ha quedado más abajo que a la altura del zapato», protesta. Su consuelo es que sí han asistido muchos ciudadanos. «En Euskadi la gente no se vuelca tanto, pero es que también el Gobierno vasco nos ha tratado a patadas mientras daba dinero a los familiares de los asesinos».
Un minuto de silencio pone fin a la ofrenda floral y un autobús devuelve al grupo al hotel. Aún resuenan los ecos de las duras críticas de Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, a las instituciones por «olvidarse» de unas víctimas que, en algún caso, «no tienen ni para comer».
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