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Álava

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EL CORREO comprueba cómo la apertura de la AP-1 reduce en 13 minutos el recorrido entre la capital alavesa y el Alto Deba

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Las comparaciones son odiosas pero reveladoras. ¿Para qué sirve la «flamante» y «colosal» autopista AP-1? EL CORREO buscó ayer respuestas y se topó con hechos incontestables. La prueba del algodón era tan sencilla cómo hacer el trayecto que separa Vitoria -el Palacio Europa era el punto de partida- de la Universidad de Mondragón por carreteras comarcales y regresar por el recién inaugurado tramo de 17 kilómetros entre Eskoriatza y Luko. La distancia era la misma, 35 kilómetros, los tiempos, sin embargo, fueron muy diferentes: 13 minutos de distancia. ¿Mucho? ¿Poco? A simple vista, la respuesta cae por su propio peso.
La salida de la capital alavesa se realiza por Portal de Gamarra tras dejar atrás una desesperante hilera de semáforos en rojo en busca del tramo de autovía de la N-240, la carretera que debe guiar al conductor hasta la A-627. Las obras de construcción del Tren de Alta Velocidad dominan un paisaje envuelto en una incómoda neblina bañada de lluvia. Mal día para conducir. Tras dejar atrás Landa, comienza la subida al sinuoso Puerto de Arlabán.
A 50, 40 e incluso 30 kilómetros por hora, el trayecto se hace pesado. Ni rastro de los tan temidos camiones que durante años han obligado a los vitorianos a buscar rutas alternativas (Cruceta o Salinas) para llegar a Mondragón, ya sea por cuestiones de estudio o laborales. Una vez en la cima, a la izquierda, el conductor observa cómo se yergue uno de los colosos de la AP-1, el viaducto de Marín, de 100 metros de altura, que sortea la enrevesada orografía guipuzcoana para abrirse paso en Álava.
A mitad del recorrido, el reloj (21 minutos) ya ha superado al cuentakilómetros (20), una distancia que lejos de reducirse se acrecentará de forma considerable pese a lo breve del recorrido. La carretera desemboca en una rotonda que deja atrás Eskoriatza y enfila el camino hacia Aretxabaleta y Mondragón. La distancia es tan escasa que uno no sabe muy bien si está aquí o allá. La referencia la marca la AP-1, que se eleva con las máquinas trabajando contrarreloj para intentar inaugurar en mayo el último tramo entre Eskoriatza y Arrasate.
A partir de aquí, las dificultades son idénticas para cualquiera de las dos opciones elegidas. La entrada a Mondragón está llena de obstáculos de obra, rotondas y semáforos que trufan una estrecha carretera ayer regada de molesta lluvia. Ahí está la 'Uni'. Tiempo: 41 minutos. Recorrido: 35 kilómetros. Vuelta a empezar.
Afluencia de vehículos
La salida de Arrasate es igual de complicada. El vehículo se adentra en la GI-627, nexo de conexión con los accesos a la AP-1. Se encuentran a escasos 5 kilómetros de Mondragón, donde se ubica el peaje de San Bernabé. A una velocidad de crucero de 125 por hora, el conductor empieza a quemar kilómetros sentido Vitoria. El túnel de Zarimtuz (500 metros) y el viaducto de Marín (sus 598 de altura lo convierten en el más alto de Euskadi) dan paso al túnel de Arlabán, el más largo de la red viaria vasca con 3,3 kilómetros.
La circulación de camiones contrasta con su presencia casi testimonial en la carretera comarcal trazada en las laderas del puerto. Es el mejor reflejo de lo que supondrá la Vitoria-Eibar: una reducción de distancias y sobre todo, un incremento de la seguridad vial.
La entrada a la capital alavesa se realiza por la salida que lleva a la N-622, la carretera que une Vitoria con Altube. Los minutos pasan (ya son 23), pero es fácil barruntar que el ahorro será considerable. Hay vía libre por Portal de Foronda. Salvo un par de breves paradas, los semáforos otorgan una tregua hasta la saturada rotonda de América Latina. La meta está allí, al fondo. Palacio Europa. Recorrido, 35 kilómetros. Tiempo, 28 minutos.
Pero la prueba del algodón tiene trampa. Hasta el verano, transitar por la AP-1 hasta Eskoriatza será gratis, de ahí la afluencia de tráfico de ayer. 13 minutos. ¿Serán suficientes para los usuarios cuando haya que pagar por ellos?


a.lorente@diario-elcorreo.com
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