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Los talleres especializados en lunas de vehículos han multiplicado por diez sus trabajos tras la granizada
03.07.09 -

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«No nos caben los coches»
Un operario trabaja en el Buesa. /J. ANDRADE
«Esto es una pasada». Con esta frase resumía ayer la delegada comercial del taller Guardian Express, María Jesús Rodríguez, la avalancha de órdenes de reparación de lunas rotas en los coches como consecuencia de la espectacular granizada que sembró de pánico la capital alavesa la tarde del miércoles. Y es que los tres establecimientos especializados en esta clase de averías de Vitoria han visto incrementado su trabajo por diez en apenas unas horas.
«En un día hemos currado lo de dos semanas», aseguró Nacho González, responsable comercial de Carglass, quien explicó que la delegación vitoriana «suele hacer alrededor de 110 trabajos a la semana, y sólo hoy -por ayer- llevamos 250». Esta empresa especializada tenía cursadas ya 1.500 solicitudes de reparación de afectados por el temporal.
La frenética labor de los operarios les impidió, en la mayoría de los casos, cerrar a mediodía. «Estamos a tope, los coches no nos caben en el taller y estamos enviando a los clientes al aparcamiento del Buesa Arena, donde tenemos una unidad móvil», señaló Rodríguez. Carglass y Cristalbox -ubicado en la calle Los Herrán- eran un hervidero al mediodía. «Hemos tenido que llamar a gente de otros talleres, abriremos los fines de semana y tenemos previsto alquilar una lonja más grande para atender a más gente», anunció Pablo Sanz, gerente de Cristalbox, junto a un teléfono que no paraba de sonar y delante de una fila de clientes que salía a la calle.
Carrocerías marcadas
«Habrá que esperar», aseguraba con resignación Luis Izasmendi, uno de los cientos de afectados que acudió a los talleres para reparar las averías. La granizada cogió a su Volvo 50 aparcado en la zona del Seminario y le «rompió dos pilotos y la luna delantera». Los parabrisas fueron las piezas más afectadas por el temporal, después de la chapa de los coches.
«Ha quedado todo abollado, ahora no sé cómo voy a arreglarlo», se lamentaba Leticia Miguel, quien tras reparar el cristal roto de su Opel Corsa, miraba con tristeza el estado en el que había quedado la carrocería de su coche.
La práctica totalidad de los coches con las lunas siniestradas quedaron marcados en su carrocería por la lluvia de pedrisco. «Mi camión tiene agujeros hasta en el techo», señaló Juan Manuel Alonso, quien dejó aparcado su vehículo en Sansomendi el día del temporal, y luego se encontró con el parabrisas roto y otros desperfectos de consideración.
«Me iba de vacaciones el lunes, y ahora se me han fastidiado. Con el coche así no voy a ninguna parte, y no sé cuando me lo van a reparar», señaló afligido Jesús Sánchez, un vecino de Lakua cuyo Peugeot 307 tenía todo el techo de cristal hecho añicos y con un plástico como lona.
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