El Tour que arrancará mañana desde Mónaco será la edición del suspense. Con preguntas sin resolver hasta el final. Montecarlo suena a traqueteo de ruleta: ¿En qué número caerá la bola? ¿Será Armstrong capaz otra vez de lo imposible? ¿Cómo reaccionará Contador? ¿Repetirá triunfo Sastre? ¿Al fin surgirá Menchov? ¿Es Cancellara una alternativa real? El Tour ha sido diseñado para no responder hasta el final: «Nadie podrá sentirse ganador hasta el último fin de semana», avisa Christian Prudhomme, director de la ronda gala. La Grande Boucle tiene buena memoria y justo se cumplen ahora veinte años de aquel desenlace en París: el duelo contrarreloj entre Fignon y Lemond que cayó del lado americano por ocho segundos. El vuelco mejor grabado de la historia de esta carrera. De conservar esa emoción se ocuparán los 20 kilómetros del Mont Ventoux, situados a sólo un día del colofón en los Campos Elíseos. Nunca había terminado el Tour así.
A Prudhomme le gusta hojear páginas del pasado. Hace cuarenta años, el otro Armstrong pisaba la Luna mientras el 'caníbal' Merckx dejaba su huella en el Tour. Ahora, el director del Tour ha podido juntar dos eras: la del Armstrong ciclista, ganador de siete ediciones (1999-2005), y la de Contador (vencedor en 2007). Separados por diez años en edad, pero metidos en el mismo equipo, el Astana. «Unos admiran a Armstrong, otros le aborrecen, pero todos quieren ver a la bestia», subraya Prudhomme. El americano luce en el escaparate de la ronda. ¿Será capaz de sumar el 'octavo' con 37 años y tras casi cuatro temporadas retirado?
Mónaco empezará mañana a responder. Nunca un prólogo había adquirido tanto peso. Armstrong ya lo ha dicho: «La carera decidirá quién es el líder. Hay que ser leal. Se trabajará para el que esté en mejor posición en la general». Respuesta sin nombre. ¿Para quién? ¿Él o Contador? Los quince kilómetros del revirado y montañoso prólogo dictarán el inicio de la contestación. Los dos lo saben. «Me gusta mucho esa etapa -advierte Contador-. Puedo empezar el Tour con buen pie. Estoy muy motivado». Busca un golpe en la mesa. Aquí mando yo. El mejor escalador del mundo es ya uno de los mejores contrarrelojistas: hasta superó a Wiggins, campeón olímpico de persecución, en el prólogo de la París-Niza. «La gran novedad de este Tour es que se podrán hacer diferencias durante la primera semana», analiza.
El prólogo dará paso al viento de la Camarga. Calor de julio a orilla del Mediterráneo. Al sexto día llegará Barcelona, 44 años después de aquel triunfo de Pérez Francés, el 'Alain Delon' catalán. La Ciudad Condal será una fiesta el 9 de julio: celebrará el 81 cumpleaños de Bahamontes y el medio siglo exacto desde que el 'Águila de Toledo' ganó el Tour. Montjuic será el balcón final de esa jornada. Día previo al segundo duelo entre Armstrong y Contador: la primera de las tres llegadas en alto, en Andorra-Arcalís. «Los Pirineos no serán decisivos este año», cree Contador. El Tour ha rebajado la dureza de la montaña y también los kilómetros contrarreloj (sólo 55). Por el suspense .Para que nadie se escape.
«Habrá que ser calculador», opina el madrileño. En marzo, cuando perdió la París-Niza por un desfallecimiento, Armstrong le criticó. Aún lo hace: «Alberto es el mejor, pero es muy fogoso». Más leña. El estadounidense ha situado cuatro puntos clave en esta ronda: «Mónaco, Andorra, la contrarreloj (40,5 km.) de Annecy y el Mont Ventoux». Antes de medirse en Annecy (decimoctaba etapa) todos habrán superado los tremendos puertos de los Vosgos (decimotercera jornada) y parte de los Alpes. En la decimosexta etapa aguardan las dos cotas de Saint Bernard, le Petit y le Grand. No coincidían en el Tour desde 1963. Armstrong ni había nacido. Dicen que el Grand Saint Bernard es un puerto misterioso. Colosal: 2.473 metros de altitud. Como su gemelo, el Petit Saint Bernard (2.148). Un lugar para elegidos: para que Coppi tumbara a Bartali en 1949, para que Bahamontes se exhibiera en 1959 -el año que ganó- o para que el 'Águila de Toledo' retara a Anquetil cuatro años depués. En 1963, la última vez que se juntó en el Tour la familia Saint Bernard.
A Contador, sin embargo, le gusta más la etapa siguiente, la decimoséptima. La que sube La Colombiere, el Roselend y Saisies. «Hay mucha montaña, pero pocas etapas para sacar diferencias», cuenta. Sabe que le vigilarán en cada rampa. Le temen. «Todos tendrán un ojo en mí. Será complicado lanzar un ataque». Le faltan puertos. De ahí que piense tanto en la contrarreloj. En Mónaco, sobre todo. "La mitad del prólogo es en subida. Me gusta, no me es desfavorable. Es exigente". Lleva tiempo pensando en ese 4 de julio, fiesta nacional en el país de su compañero y rival, Armstrong. De ahí las declaraciones previas de ambos. Los dos juran que trabajarán para el mejor. Los dos quieren ser el mejor. Desde Mónaco. "A partir del 4 de julio, si me encuentro en buena posición, espero que los demás trabajenpara mí. Y si otros están mejor colocados, yo me pondré a su servicio", resume Contador. Comienza el suspense en Mónaco, Hasta el final, hasta el Ventoux.