Serena y Venus Williams reservaron ayer su plaza en la cuarta final entre las dos hermanas en el torneo femenino de Wimbledon. Lo hicieron en dos partidos de gran contraste contra dos tenistas rusas, Elena Dementieva y Dinara Safina, que retaron de manera desigual el dominio de estas dos hermanas americanas en las pistas del All England.
Será la octava final para Venus, que no ha perdido un set desde un partido de la tercera ronda, contra Jelena Jankovic, en el torneo de 2006. Este año ha dominado todos sus partidos con claridad. Ayer desarboló por completo a la número uno del mundo en el ránking de la WTP en dos sets que duraron poco más de cincuenta minutos.
El encuentro de las hermanas con las dos rusas tuvo un tema común. Las Williams son grandes competidoras, que se concentran en el partido y buscan ser positivas en cada punto, especialmente cuando están bajo presión. No les intimidan los ritos de la Pista Central, la proximidad de los espectadores o de lás cámaras observando los mínimos detalles de su desenvoltura y de sus golpes.
Aunque tienen una relación muy estrecha con su padre y el resto de la familia, que las apoyaba ayer en el palco, no parecen padecer la extraordinaria dependencia psicológica de Dementieva y Safina con respecto a sus entrenadores, a quienes observan, a quienes piden consejo, a quienes muestran su desolación y su rabia, de una manera tan obsesiva y pública que obviamente las debilita.
A Safina además le pudo ayer, como en otras ocasiones anteriores, el contexto. Simplemente no acudió a la semifinal de Wimbledon como antes apenas asomó en la de París. Fue batida en dos sets y el balance de un juego a su favor no servirá de consuelo a una número uno que sabe que no ha ganado un gran torneo por su ansiedad en la gran escena.
La fragilidad de Dementieva es visible. Una atleta fina y ágil, superior en ese sentido a Serena Williams, adopta en ocasiones, cuando un traspiés pone en duda su gran avance en el servicio, su gran juego desde el fondo, un rostro sufriente de niña desvalida. Su miedo a ganar ayer evocó el colapso nervioso de Jana Novotna en la final de 1993, pero no fue tan abrumador. Plantó batalla, y qué batalla, en tres sets, a Serena Williams, en el mejor partido del torneo femenino de este año. Pero siempre pareció que al final perdería.
Cuando preguntaron a Serena en qué pensó al servir con 30-40 en su contra y 5-4 a favor de su rival, respondió: «En hacer un 'ace'». Es lo que faltó ayer a las rusas y lo que tiene también entre otras cosas su hermana Venus. El balance en sus tres finales es favorable a Serena por dos victorias a una.