El metro de Bilbao es aún joven. Pese al papel que juega en el mapa de la movilidad vizcaína, apenas ha entrado en la adolescencia. Por eso, quien más, quien menos, puede echar la vista atrás y recrear la evolución del suburbano desde que sólo veíamos tajos en las calles y comprender la revolución que ha supuesto para el transporte del Bilbao metropolitano. Sin embargo, nadie como quien ha vivido la historia desde dentro para explicar qué significa cada nuevo 'estirón'.
Epi Carnero es una de esas piezas, historia viva no sólo del metro, sino de las últimas tres décadas de ferrocarril en Vizcaya. Corría 1979 cuando Epi entró en la plantilla de Euskotren. «Da la casualidad de que hoy que se inaugura la estación de Santurtzi, cumplo 30 años en la profesión». Tenía 24 cuando empezó a recorrer a diario el trecho que separaba la estación bilbaína de San Nicolás y Plentzia. Esa fue la cantera de ferroviarios que nutrió al modernísimo suburbano bilbaíno.
Epi recuerda lo que era lidiar con los antiguos trenes navales. «Los veteranos les contamos a los que entran ahora al metro cómo era aquello, cuando todo era mecánico y la gente te podía abrir la puerta cuando quisiera, a la velocidad que fuese, se podían bajar en marcha... La gente pasaba por las vías como quien cruza un paso de cebra y todos los días sucedía algo. Si no era con un peatón, era con un animal», recuerda.
Después llegaron los trenes azules que conocemos ahora, pero cuando vieron por primera vez la cabina de una unidad suburbana, «la diferencia era abismal». Sistemas de conducción, de seguridad, de comunicaciones... «Sin duda dan un respiro, pero nunca puedes bajar la guardia, porque cuando los sistemas fallan tiene que responder el ser humano» ¿Alguien se montaría en un avión sin piloto, aunque haya uno automático?
Su pericia es necesaria más amenudo de lo que parece. No sólo deben echar mano de la experiencia cuando hay un error técnico; las aglomeraciones también representan un quebradero de cabeza. «Con el tiempo aprendes que siempre puede pasar algo. Y lo peor son los servicios nocturnos que coinciden con fiestas de alguna localidad, porque al fin y al cabo, el resto de las veces, están en sus cabales». Los responsables del suburbano ahondan en la importancia que tiene para el servicio la destreza de los conductores. «Por instinto, saben cómo entrar en la estación, cómo esperar; evalúan en muy poco tiempo un escenario y actúan. Tienes que resolver desde avalanchas de gente a intentos de suicidio, que por la pericia del conductor se han podido evitar».
Lo peor, las multitudes
No tuvieron que esperar mucho para averiguar cuál iba a ser su mayor motivo de preocupación. El día de la inauguración del suburbano fue una auténtica prueba de fuego. «Fue apoteósico. Todo el mundo quería entrar y no podía. Pegaban las puertas en los andenes del peso que llevaba». Epi trabajó de apoyo aquel día. «Estuve en cabina, ayudando a formar a otros conductores. No es que tuviéramos que dejar gente sin subir, es que ni siquiera podíamos cerrar las puertas. Tuvimos que pedir a la gente que bajara porque no podíamos circular así», recuerda.
El siguiente estirón fue la línea 2 hasta Urbinaga. Epi participó en todos los preparativos, «pero días antes enfermé y la inauguración me pilló de baja». Es la única que se ha perdido. Después llegó Sestao y, por fin, la más especial para él: Portugalete. Le ofrecieron conducir el viaje inaugural a la villa jarrillera, su localidad de residencia «y fue un honor. Me sentí muy orgulloso porque pensaron en mí. Fue un día de nervios que tienes que contener porque hay que seguir el protocolo, parar en los lugares que te marcan, maniobrar... Fue genial».
Responsables del metro recuerdan aquel día. «Recibieron a Epi como a un héroe. Llegó conduciendo el tren que llevaban esperando años y fue como en el Oeste, cuando llegaban los trenes de vapor y los del pueblo lo recibían saludando con el sombrero». ¿Cómo se elige al conductor inaugural? «Se tiene en cuenta los años de servicio, que sea un profesional experimentado y de confianza. Un referente en el colectivo, como el capitán de un equipo de fútbol que tiene los galones suficientes para representar a todos», dicen desde Metro.
Paciencia
Esta vez les ha hecho falta poco entrenamiento. «Sólo son dos paradas más, así que con pasar un par de veces, ya lo conoces». Fue distinta la apertura de la Línea 2 o la inauguración de la infraestructura. «Entonces todo era nuevo. No conocíamos el recorrido, ni cómo se conducían los trenes y eso llevó tiempo». A Epi se le nota satisfecho de haber visto crecer el suburbano desde dentro. «Me he sentido parte de esa evolución. Soy un conductor vocacional y estoy muy orgulloso de llevar el metro».
A las nuevas generaciones les aconseja paciencia. «Las cosas no salen bien a la primera, pero si perseveran terminarán trabajando a gusto. Los veteranos lo hemos pasado mal conduciendo los trenes antiguos. En invierno iba a trabajar con dos pares de calcetines, pijama, pantalón de pana, jersey, bufanda, guantes. Ahora hemos pasado de un 600 a un Mercedes». Eso sí, «los madrugones» no se los quita nadie.