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Álava

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Oficialmente no son zonas de baño, pero ¿quién se resiste a un chapuzón en sitios así?
05.07.09 -

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Sumergirse en los ríos, lejos de las piscinas y del embalse de Ullíbarri -el único que tiene habilitadas zonas de baño- no está permitido. Tampoco se persigue a nadie, pero las instituciones lo desaconsejan. «Si un tractor echa sulfatos a un río donde no hay condiciones para bañarse y la gente sufre quemaduras, ¿a quién se le piden responsabilidades?», se pregunta el técnico foral Fernando Martínez de Ilarduya. Pero cuando el calor aprieta son muchos los alaveses que se olvidan de estas advertencias y se zambullen en parajes sin sombrillas ni socorristas. Son muchos más, pero hemos elegido cuatro.
ZALDIBARTXO
Río Bayas. Parque Natural del Gorbea
Entre las pozas que forma el Bayas en su sinuoso viaje desde las cumbres del Gorbea hasta Sarria, Zaldibartxo forma parte del imaginario popular alavés. Existe una sociedad gastronómica, un refugio, un puente colgante y hasta una canción del bardo Donnay.
Janire Moreno, de 20 años, ha vuelto esta semana a disfrutar de este lugar paradisíaco, junto a dos amigas y decenas de personas que dejan sus coches en el aparcamiento del centro de acogida del parque del Gorbea y en diez minutos se tumban entre rocas. «Es ideal y salvaje. Si no venimos aquí prefiero el pantano antes que la piscina», dice la joven que se prepara para hacer magisterio.
El agua transparente, la cascada, el roble que sirve de trampolín, el bosque de ribera y el Bayas con más agua de la habitual para ser el mes de junio se muestran en un anfiteatro natural. Hay días desesperantes por la multitud de bañistas que pueden concurrir. Pero aquí alguien puede evocar la famosa canción del Miguel Ríos. «Yo recuerdo aquel día que nos fuimos a nadar, aquel agua tan fría y tu forma de nadar, en el río aquel».
ARMIÑÓN
Río Zadorra. Junto al puente
Charo Anuncibay, la madre vigilante, toma el sol en el duro cemento mientras mira de reojo las evoluciones de su hijo Jon Ander Gómez, de 15 años. El muchacho conoce cada piedra, cada pozo oscuro del río y los juncos. Se tira desde el trampolín de cabeza. Sigue una costumbre ancestral de los jóvenes de Armiñón que siempre se han zambullido en el Zadorra, junto al monumental puente de piedra. Los domingos se juntan muchos adolescentes.
«Aquí están las piscinas privadas o el río. No las hay públicas porque no tenemos capacidad económica para hacer una piscina. Esta es nuestra pileta de toda la vida. No sabemos cuánto cubre. El cauce aquí es muy profundo», cuenta Charo que se estremece al decir que un hombre se ahogó hace mucho tiempo y durante algunos años nadie se zambullía en el Zadorra.
Hay también una zona adaptada a los niños y aguas arriba, junto a una presa otro paraje para los más atrevidos que denominan 'jacuzzi'.
LINARES (BERANTEVILLA)
Río Ayuda. Área recreativa
Cuando la chicharra aprieta en Miranda de Ebro, Roberto Fernández y su cuadrilla de sudamericanos de todas las nacionalidades se suben a sus motos, coches y bicicletas y cubren los siete kilómetros entre la ciudad burgalesa y la villa alavesa. Su destino es el parque provincial de Linares, en Berantevilla. Una presa en escalera, utilizada en su tiempo para llevar agua al molino que fabricaba la luz para el pueblo, es el gran atractivo. Desde sus alturas se lanzan al Ayuda, disfrutan de los chorros que caen en cascada o usan un columpio para ganar altura y hacer más espectacular el salto. «Venimos aquí desde hace años todos los veranos. No hay cloro, estamos en plena naturaleza y a nuestro aire. Lo preferimos a la piscina», comenta Roberto, ecuatoriano con 7 años en España. El río es de ellos. Se ve otro grupo de personas tomando el sol o paseando por las mesas y barbacoas del recinto, en el que predominan los chopos. El campo de fútbol, uno de los atractivos del parque, está sin segar y no se puede jugar, se queja la gente.
Los inmigrantes repiten comportamientos que ya no se ven entre los nativos. La seguridad es un concepto que adquiere consistencia con el tiempo. Los jóvenes sudamericanos confían en que nunca pasará nada para dar saltos de 8 metros. Pero no hay socorristas a la vista si pasa algo.
DELIKA (POZO DE LOS CABALLOS)
Río Nervión
El río Nervión y su desfiladero no sólo ofrece el encanto del gran salto del monte Santiago en su nacimiento. Si el itinerario se empieza en el pueblo de Delika a menos de diez minutos aparece una gran poza que el ganado utiliza en verano. De ahí su nombre. Se trata de una piscina natural de piedra que un grupo de jóvenes de Llodio aprovecha en uno de los días tórridos de esta semana. Más adelante se encuentra la Olla ciega, un salto de agua que se seca en el estiaje. Los ríos Berrón, en Maestu y Antoñana y el Ega en Campezo, también son generosos en pozas. La buena calidad de las aguas alavesas permite, en general, zambullirse en muchos sitios.
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