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Álava

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Los jóvenes del centro están «orgullosos» de participar en un proyecto que consideran histórico
05.07.09 -

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Ansiaban aprender un oficio, labrarse un futuro con algo que realmente les gustara y lo han encontrado. Atrás han dejado el continuo baile de trabajos como acuchilladores, camareros o mozos de almacén para ilusionarse con un proyecto que, por encima de todo, les ofrece seguridad. «Antes de llegar aquí trabajé en una fábrica de logística, como camarera y como auxiliar de servicios sociales, pero desde enero estaba en el paro».
Motivo más que suficiente para que Irati Ocasar no se lo pensara dos veces cuando «en el Inem» le ofrecieron la posibilidad de formar parte del futuro centro de oficios del Casco Viejo de Vitoria. Su andanza en la escuela no ha hecho más que comenzar, pero como el resto de sus compañeros, esta vitoriana de 24 años, una de las más veteranas del grupo, está deseando «terminar las clases para salir a trabajar».
A Leonel Rivero -ecuatoriano, 20 años- la sola idea de pensar en ello le entusiasma. «Me siento orgulloso de participar en algo histórico, que perdurará en el tiempo. Lo más bonito es pensar que nuestro trabajo servirá para mejorar la ciudad, así que siempre que pasee por las calles del Casco Viejo podré decir que yo las rehabilité». Leonel habla con la convicción y la seguridad de quien realmente valora lo que tiene. Porque le ha costado alcanzarlo. Desde que llegó de Ecuador hace 8 años, no ha dejado «de currar». Colocando ventanas, como mozo de almacén, como soldador... Pero ahora quiere ser «el mejor» en lo suyo.
El sueño viaja en patera
Lo mismo le sucede a Zacharie Yao Issa, para quien el curso recién comenzado es también un «gran reto». Hace dos años, con tan sólo 17, salió de su Benin natal, en el África occidental, en busca «de una vida mejor». Desde Senegal, cruzó el Atlántico en patera. Con la única ilusión de venir al País Vasco, una especie de tierra prometida con la que Ibrahima Sory, guineano de 17 años, soñaba desde que supo de ella «por televisión».
«Conocía Bilbao, pero al final terminé en Vitoria. Cuando llegué, ni siquiera entendía cuando me preguntaban por mi nombre. Por eso ahora me siento muy orgulloso de aprender el oficio de carpintero y de poder trabajar de ello».
Y es que Ibrahima, como el resto de sus compañeros, espera que de este proyecto -a priori, de dos años- pueda surgir en un futuro un trabajo estable. De momento, tienen un contrato en prácticas. «Está muy bien porque mientras aprendemos nos pagan 9 euros al día», admite Diana. La experiencia llevada a cabo en León resulta halagüeña para esta treintena de chicos.
Aquel centro supuso una revolución. «De allí -recuerda el gerente de la Agencia de Renovación Urbana, Gonzalo Arroita- salieron auténticos expertos que más tarde han venido a Vitoria a impartir talleres en la catedral Santa María». Prometedor.
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