En Barrika, el hogar de 1400 vizcaínos, residen desde futbolistas de primera división hasta trabajadores, y es un lugar muy popular entre los jóvenes por sus locales de copas y restaurantes con vistas al mar. Los últimos quince años han proliferado los chalés, los adosados y los caserones sobre los acantilados, desde donde pueden contemplarse paisajes únicos. La tipología de sus casas ha atraído a los cacos, en un momento en el que una oleada de asaltos azota la margen derecha. «Siempre ha habido robos puntuales, pero no estamos acostumbrados a la saña que hay ahora, a esa violencia. A los ladrones les de igual que estés dentro o no». dice Mikel B., un vecino del pueblo que ha sufrido un asalto en su casa.
Berango es una zona residencial por excelencia adscrita a la Ertzain-Etxea de Getxo, pero que carece de Policía nocturna. Municipios como Barrika, por ejemplo, sólo cuentan con un alguacil. Vertebrada por la carretera que une Plentzia con Sopelana, es una localidad muy dispersa. Más de siete kilómetros cuadrados de superficie en los que se asientan cerca de 600 viviendas, casi en su totalidad, chalés. La mayoría de hogares cuenta con sistemas de seguridad avanzados, perros...
Mikel sólo tenía una valla que protegía su vivienda unifamilar, ubicada en el barrio de Elexalde, donde reside desde hace años. Intentaron robarle a principios de año. A pleno día. Tenía la luz apagada y la televisión suave, y un desconocido creyó que no estaba. Notó algo y gritó, pero como nadie le respondió, «pensaba que estaba soñando». Al día siguiente, descubrió que la ventana de un cuarto estaba forzada. No se llevaron nada. «Debieron salir corriendo cuando me desperté», narra. Se ha vuelto más cauteloso. «Ahora sólo dejo las ventanas abiertas para ventilar. Tengo más cuidado con cerrar todo. Antes, éste era un pueblo donde podías dejar la puerta abierta y las llaves puestas», se lamenta.
Mikel recuerda el caso acontecido en el chalé de Arrietara el pasado año, cuando unos cacos amordazaron al matrimonio, que estaba en el interior, y el robo reciente a un vecino. «Entraron y le desvalijaron la casa. Se lo llevaron todo». En las viviendas más próximas a su domicilio también han sufrido robos. A uno las joyas, al otro los electrodomésticos...
«Por muchas medidas de seguridad que tomes, siempre te puede tocar». Mikel destaca que los vecinos se ayudan cuando el otro está ausente. «Si vemos algo raro, nos avisamos por teléfono», se resigna. Recientemente, dos delincuentes se han hecho pasar por inspectores de Iberduero para robar en casas de personas mayores. El caso está en manos de la Ertzaintza.
«Antes vivíamos en Lubiano. No teníamos alarma y una tarde, cuando no estábamos en casa, nos robaron. Así que cuando vinimos aquí lo primero que hicimos fue colocar una». No sólo eso, sino que Amaia y su familia, que desde hace ocho años residen en un chalé de Estíbaliz, situado a diez minutos de Vitoria, cuentan con dos dóberman y un bull dog. «Por las noches y cuando no estamos en casa los dejamos sueltos por el jardín», cuenta.
Amaia recuerda que «hace cuatro años, en invierno, entraron en tres casas» de su barrio. Sabe que «nunca estás libre de que te pase algo», pero asegura no sentir miedo. «Si estás con el chip de que te van a robar, al final no disfrutas. Para eso te vas a Vitoria, y ni aún así», dice convencida.