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Sociedad

HERMANAS CLARISAS CONVENTO DE MEDINA DE POMAR

05.07.09 -

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«Dios nos ha escuchado, aunque sea un poquito»
Las hermanas, en el convento de clausura.
En sus oraciones siempre está presente Santa María de Garoña, su gente y su tierra. Por eso, las hermanas Clarisas del convento de Medina de Pomar habían encomendado la continuidad de la central a la «Divina Providencia». «Y Dios parece que nos ha escuchado, aunque sea un poquito... Es cierto que se va a cerrar, pero si al menos agunta un poco más...». A la madre Rosa le puede el corazón. Como superiora del convento, siente verdadera «admiración por todas las personas que trabajan en Garoña». «Se ve que hay fundamento y organización, que tratan las cosas con responsabilidad y eso no se puede obviar».
La madre abadesa sólo ha visto la central una vez en su vida, pero su vínculo con la atómica será «indisoluble hasta que Dios quiera». Hasta entonces, la madre abadesa y las 18 hermanas que viven en Medina seguirán dedicando su vida a la oración y al trabajo que desde hace 12 años mantiene su «espíritu unido» a una empresa que, a su juicio, «ha ayudado mucho a la zona». También a ellas.
Y es que, gracias a su labor como costureras y lavanderas -ellas mismas zurcen los gorros que se usan para acceder a la zona controlada del reactor y lavan las toallas de baño de los trabajadores-, las hermanas han encontrado la «fuente de ingresos» necesaria para poder «subsistir». «En 1987 -recuerda la madre abadesa- el convento estaba malísimamente. No teníamos un duro y vivíamos de lo que nos daba la huerta». Cinco años más tarde, gracias al capital invertido, el monasterio de Santa Clara fue declarado Bien de Interés Cultural. «¿Y en 2013, qué?», se les pregunta. «Si Dios permite que se cierre, se cerrará, pero si hubiera que votar, nosotras pediríamos que continuara».
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