Fernando García, 35 años, es un artesano y escultor vecino de Quintanaseca. Lleva muchos años luchando para que Garoña se cierre y aún no se cree que esto ocurrirá dentro de cuatro años, que la chimenea que irrumpe en el verde paisaje de su tierra desaparezca del horizonte. Una vez hasta le echaron del Casino Progreso Tobalinés, uno de los dos bares de Quintana Martín Galindez, por andar despotricando contra Garoña. «Uno de los que estaban en el bar me sacó a la calle. Es una muestra de cómo tratan de callar a los que no están a favor de Nuclenor. En cuanto hacemos una pintada se apresuran a borrarla».
A este ecologista y miembro de la Asociación de Vecinos Afectados por las Centrales Nucleares no le ha gustado que Zapatero haya tirado por la calle de en medio -«ha incumplido su promesa de cerrarla al término de su vida útil»-, aunque reconoce sentirse «aliviado». No puede evitar esbozar una sonrisa al transportarse hasta 2013 y ver que la central que ahora rompe el silencio con su ronroneo industrial calla para siempre.
«Nos sentimos aliviados, sí, porque al fin se va a poner freno a la producción de residuos radiactivos, pero estamos... enfadados no, muy preocupados por los 4 años que seguirá en funcionamiento la planta, ya que ahora se van a rebajar al mínimo las inversiones en seguridad. Si para diez años iban a arreglar quince cosas, ahora para cuatro no van a hacer nada. Los planes de emergencia siguen sin ser eficaces, la última vez que hicieron un simulacro se perdió uno de los muñecos que hacían de niños. Y no hablemos de los inexistentes estudios epidemiológicos. Pero aquí se acalla todo».
Fernando piensa en los trabajadores que en cuatro años pueden quedarse sin empleo. «Me dan pena, pero han sido engañados por el 'lobby' nuclear para sus propios intereses. A su empresa, Nuclenor, deben pedir responsabilidades, no al Gobierno, que faltando a su palabra ha perdido toda su credibilidad, ha cedido a las presiones». Considera que, de todos modos, «no se puede primar un puñado de empleos a la salud pública». Reconoce que la confirmación del cierre se merece una pequeña celebración. La grande ya cayó: «Sí, cuando los periódicos anunciaron que el Gobierno había decidido seguir adelante con una promesa que finalmente va a incumplir».