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La Universidad cosmopolita

Estudiantes de Irak, Camerún o Ruanda llegan a Deusto en busca de experiencia para labrar su futuro

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Un viaje a la esperanza
Los protagonistas de esta historia son seis, pero en la foto también aparece, con pañuelo, Ameneh, la esposa de Javad Zareki. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO: FERNANDO GÓMEZ
Están en Bilbao para hacer un cambio en sus vidas, y quizá también en sus países de origen. Son un puñado de estudiantes con brillantes expedientes académicos que participan en el programa 'Ventanas de Cooperación'. Esta variante de las becas Erasmus brinda la posibilidad de estudiar en la Unión Europea a personas de países en vías de desarrollo o que atraviesan situaciones difíciles.
La Universidad de Deusto ha acogido durante este curso a trescientos participantes en este proyecto, y se ha convertido ya en una de las más 'internacionales' de España: de sus 9.000 alumnos, casi 1.200 son extranjeros. Un ambiente cosmopolita que enriquece no sólo a los que llegan, sino también a los anfitriones.
CYPRIEN NTZIMANA
Ruandés refugiado en Kenia, 40 años
«La guerra me impidió seguir estudiando»
Cyprien estudia en Deusto un Máster en Conflictos Migratorios y Cohesión en la Sociedad Global. Su elección dice mucho de lo que este ruandés refugiado en Kenia se propone hacer con su futuro. «Estoy muy comprometido con movilizar a la juventud para llevar el cambio a mi país», sostiene. Nacido en Ruanda hace cuarenta años, Cyprien se dedica a enseñar en una escuela keniata. «Cuando empezó la guerra era imposible continuar estudiando y pedí asilo allí», explica.
Los estudiantes europeos no pueden hacerse una idea de los obstáculos que tiene que salvar una persona como Cyprien para lograr sus objetivos. «Los centros aquí están muy bien equipados, el profesorado es muy bueno y se trabaja en un ambiente limpio...», destaca. «Cuando vi esta biblioteca no me lo podía creer -recuerda-. Allí no es sólo que las instalaciones no sean tan buenas, sino que hay mucha falta de recursos humanos y los profesores que vienen de fuera cobran mucho dinero».
Ruanda atraviesa una situación política y humanitaria que puede parecer un callejón sin salida, pero Cyprien no pierde la esperanza: «El cambio en mi país será un proceso largo y duro, pero estoy convencido de que es posible». Los pocos jóvenes que tienen la oportunidad de estudiar serán necesariamente los protagonistas de esa transformación. «A mis hermanos se los tragó la guerra, dos de ellos habían logrado acabar sus estudios», lamenta. A pesar de todo, asegura que «la experiencia de vivir en la cultura europea me está dando fuerzas para emprender el cambio en mi comunidad».
Cyprien no tiene reparo en reconocer que quiere ser político: «En Kenia soy maestro y creo que enseñar es una buena manera de comunicar valores, de cambiar la mentalidad de las personas y contribuir al desarrollo de mi país». Oyéndole, uno desearía que África estuviera gobernada por gente como él.
JAVAD ZAREKI DANA
Iraní, 32 años
«Aquí podemos hablar de cualquier cosa»
Hace cinco meses que Javad llegó a Bilbao, y ya se siente como en casa. Ayuda mucho que su mujer, Ameneh, le acompaña en esta aventura gracias a la colaboración de la Universidad de Deusto y la embajada española en Teherán. «Está siendo una experiencia fantástica para los dos», coinciden.
«En Irán los estudiantes atravesamos una situación difícil -reconoce Javad-. La mayoría tenemos que trabajar al mismo tiempo y eso desanima a muchos a ir a la universidad». No es su caso; tras diez años compaginando su trabajo con sus estudios de ingeniería, se propuso viajar a Europa en busca de nuevas experiencias. «Elegí España porque es un país multicultural», revela. En Deusto estudia un máster en Derecho Marítimo y está entusiasmado con el ambiente universitario bilbaíno. «Hay una relación muy abierta con el profesorado, aquí podemos hablar de cualquier cosa -confía-. En Irán las mentes están más cerradas».
Sobre la situación política que atraviesa su país, Javad advierte que los jóvenes «habíamos puesto muchas esperanzas en que las recientes elecciones sirvieran para cambiar las cosas, pero después de lo que ha pasado muchos quieren irse a estudiar al extranjero». En su opinión, «Irán está muy interesado en mejorar en lo económico, pero creo que también es muy necesario un desarrollo cultural». Ese es precisamente el objetivo de su viaje.
MARIA KOZLOVA
Rusa, 23 años
«A los tres días de llegar conocí al que hoy es mi novio»
La experiencia bilbaína de Maria Kozlova ha sido «todo un cúmulo de casualidades». Cuando en julio pasado esta rusa de 23 años rellenó los formularios para solicitar la beca Erasmus Mundus, no confiaba demasiado en que se la concedieran. Un mes después, le anunciaron que su destino era Bilbao. Llegó a la ciudad con la intención de «zambullirme en la cultura y el ambiente», y lo ha conseguido.
Apenas llevaba tres días aquí cuando conoció al que hoy es su novio, «¡y dentro de un mes nos vamos juntos a Moscú!». Los primeros tiempos fueron los más difíciles. «Llegas sola a un país donde no conoces a nadie y es todo un reto -confiesa-. Después, paso a paso, te vas acostumbrando y ahora no quiero ni pensar que me voy dentro de poco».
Maria es filóloga y habla un castellano perfecto. Lo español siempre le ha llamado la atención, «a pesar de que en mi país todavía está vigente el tópico del macho del sur que baila flamenco». Pero ella no se queda en la superficie y busca las raíces de una cultura de la que se declara apasionadamente enamorada. En Deusto ha tomado clases de Retórica del Siglo de Oro y prepara una tesina sobre parodias literarias en la España medieval.
«Cuando empiezas a estudiar una lengua no te imaginas el mundo que hay a su alrededor -considera-, pero cuando llegas y vas conociendo la vida aquí, te das cuenta que la clave de un idioma es la gente que lo habla».
REBEAN RAMADHAN
Kurdistán iraquí, 26 años
«Es duro estar lejos y ver lo que pasa en Irak»
Cuando Rebean pensó en estudiar en el extranjero no aspiraba a venir a España, «sólo a salir de Irak». Llegó a Bilbao en febrero dejando en su tierra -el Kurdistán iraquí- a su mujer y su hija recién nacida. A pesar de que estar lejos de los suyos tanto tiempo le resulta «muy duro», no se arrepiente del paso dado. «Muchos queremos viajar para ver la esperanza en otros países -argumenta-, y Europa es para nosotros sinónimo de progreso». «Aunque un desarrollo diferente al que viene de Estados Unidos o de Asia», matiza. Con lo que está aprendiendo en Deusto, quiere ayudar a mejorar el nivel académico de la universidad donde estudió.
«Desde que el Kurdistán alcanzó la autonomía, el sistema educativo está mejorando poco a poco», apunta. Una de las claves es que, desde hace unos años, las universidades kurdas están intentando mandar a sus alumnos al extranjero para formar un buen capital humano que luego pueda enseñar a los demás. «Allí el sistema educativo es gratis -explica-, pero está limitado sólo a los que sacan buenas notas en el bachillerato».
La región donde vive Rebean es «más tranquila» y no atraviesa los problemas de seguridad que sufre la mayor parte de Irak. A pesar de todo, «es muy duro estar aquí y ver lo que está pasando en mi país, pero creo que yo y todos los que estamos fuera esperamos volver y ayudar a que la situación cambie».
ELENA GERASIMOVA
Bielorrusa, 26 años
«Mi país está como España hace treinta años»
Elena casi ha terminado el Máster en Asesoría Fiscal que vino a estudiar a Deusto y ahora realiza prácticas en un despacho de Bilbao. Se maneja muy bien en castellano y es que esta bielorrusa de 26 años ha pasado dos veranos como monitora-intérprete de los niños de su país que vienen cada año acogidos por familias españolas. Ella procede de Brest, en la frontera con Polonia, aunque los últimos años los ha pasado en la capital, Minsk, estudiando. «Mis padres ya se han acostumbrado a que esté lejos de casa y están contentos porque saben que yo aquí soy feliz». Gracias a Internet, la comunicación ha dejado de ser un problema y ahora hablan «casi a diario».
Ya pueden ir acostumbrándose porque Elena tiene claro que quiere vivir en el extranjero. «Bielorrusia, de momento, no ofrece muchas posibilidades -se lamenta-. Poco a poco se van haciendo pequeños cambios, pero serán necesarios muchos años para una transformación total. Imagínate que estamos como España hace treinta años».
De la educación que ha recibido en Bilbao valora especialmente «lo prácticos que son los estudios y la gran ayuda que prestan los profesores». Por supuesto, también le ha dado tiempo a hacer muchos contactos, y aunque en Deusto hay un ambiente muy cosmopolita, Elena prefiere estar con los autóctonos. «He hecho muchos amigos entre mis compañeros de clase y ahora que el curso ha terminado nos vemos cada tarde».
MANFRED EGBE
Camerunés, 28 años
«En Camerún conocemos Bilbao por el Athletic»
A las dificultades que encara un africano que quiere cursar estudios superiores, Manfred añade una más: habla inglés en un escenario mayoritariamente francófono. Pertenecer a una minoría le ha llevado a sufrir la discriminación en su propio país, por eso vio en el programa Erasmus Mundus una oportunidad para «ayudar a mejorar el nivel educativo de mi comunidad».
Manfred llevaba cuatro años luchando por estudiar en el extranjero cuando por fin le concedieron la beca para la Universidad de Deusto. «Antes de llegar sólo había oído hablar de Bilbao por el fútbol -reconoce-; en Camerún seguimos la Liga española y conocemos mucho al Athletic».
Aquí cursa un Máster en Sistemas Sanitarios Sostenibles, cuya formación práctica puede ser de gran utilidad para su país. «Camerún tiene muchos recursos, pero no tenemos líderes que se preocupen de ofrecer a las personas la oportunidad de dar lo mejor de sí mismas», reflexiona. La solución a los problemas de su país, entre los que destaca la corrupción de sus autoridades, pasa por «educar a la gente y cambiar la mentalidad de los que nos gobiernan». Una tarea ardua en la que Manfred ha centrado todas sus energías. «No sé cómo el milagro del cambio va a pasar -afirma-, pero creo que puedo ser parte de ese milagro».
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