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DE CUANDO EN CUANDO

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Hablábamos ayer de mi escaso sentido del humor, que me ha creado de pronto un complejo tremendo de tarugo. Y se lo voy a explicar con un viejo artículo que encontré en una revista mensual y con una anécdota personal muy definitoria. El artículo procedía de Norteamérica y, como ocurre siempre en estos casos, se trata de un estudio hecho en una universidad. En estos artículos, los estudios siempre vienen avalados por expertos universitarios, aunque no se suelen dar datos concretos. Se trataba de la Universidad de Purdue (USA), en la que se realizaron experimentos psicológicos, según los cuales se demostró que las personas que obtuvieron buena puntuación en las pruebas de su sentido del humor generalmente lograron también excelentes notas en las pruebas de inteligencia.
Y para remachar el clavo se añaden estudios realizados en otras universidades, los cuales han demostrado que es más probable que obtengan los primeros puestos los que tienen un sentido del humor bien desarrollado. Y después de enterarme de estos estudios, la consecuencia que yo saco es que si pertenezco al grupo que carece totalmente de sentido del humor, resulta que ando muy escaso de inteligencia. ¿Es o no es como para estar acomplejado?
Y vayamos ahora con la anécdota. Bajaba yo cierto día por Hurtado de Amézaga cuando estaban colocando las losetas del suelo. Iba yo mirando la acera del Banco de Vizcaya fijándome en un andamio, porque yo suelo pasear siempre fijándome en todo (el señor García dice fisgando), cuando de pronto, y por un descuido, me encontré con los dos pies metidos dentro de un montón de masa blanda de cemento que los operarios habían preparado para colocar los losas.
Se pueden ustedes imaginar la rechifla de los viandantes (y de las viandantas) al verme allí como estatua en pedestal de cemento blando. Era el momento perfecto para reaccionar con sentido del humor y acompañar al público en sus sonrisas, e incluso en su rechifla, pero reaccioné renegando, malhumorado y, sobre todo, como se dice en lenguaje coloquial, más corrido que una mona. Con lo que se demuestra, según los expertos de la Universidad de Purdue, que mi inteligencia no es como para tirar cohetes.
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