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La conocida animadversión entre el alcalde y el portavoz del PP se recrudece pese a la colaboración entre sus partidos
09.07.09 -

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Lazcoz y Maroto se ignoran
El portavoz del PP saluda a su homóloga del PNV en presencia de Marian Gutiérrez (PSE). / I. AIZPURU
A estas alturas de la película pocos interesados en la cosa pública desconocen que el alcalde de Vitoria, el socialista Patxi Lazcoz, y el líder municipal del primer partido de la oposición, el popular Javier Maroto, ni se quieren en lo político ni se aprecian en lo personal. Más bien, todo lo contrario.
Ayer, primera jornada del debate sobre el estado de la ciudad, en plena campaña de presión del PP sobre el PSE para que respalde la moción de censura contra el diputado general de Álava, Xabier Agire (PNV), y colocar así en el sillón foral al conservador Javier De Andrés, ambos eran conscientes de que iban a ser escrutados al milímetro. ¿Que ocurrió? Que se evitaron hasta el punto de negarse incluso un saludo de mera cortesía. Ni siquiera hubo un tibio arqueo de cejas en el único momento en el que sus miradas se cruzaron. Cero patatero.
A diferencia del debate del año pasado, cuando se estrecharon las manos para los fotógrafos, los informadores gráficos no pudieron repetir la instantánea. Frío, mucho frío entre dos políticos separados por una bien trabajada hostilidad que, sin embargo, deberán comérsela en el caso de que el PP se salga con la suya y logre el respaldo de los socialistas para desbancar a los jeltzales de la institución foral.
Dos hombres y un sapo gordo que al presidente de la Corporación -contrario acérrimo al cambio de signo foral, como el resto de sus colegas alaveses- se le antoja imposible de tragar. De tripas corazón, lleva ya meses haciendo, sin embargo, su contrincante popular ante los indisimulados feos del alcalde socialista. Ayer, sin ir más lejos, el portavoz municipal de los conservadores volvió de nuevo a saborear el sabor ácido del anfibio de marras en su edulcorada valoración del discurso grandilocuente y carente de autocrítica de Lazcoz.
Visiblemente incómodo y titubeante, Maroto se limitó a apreciar un «formato distinto, novedoso y con muchas ausencias» en la alocución del alcalde. Lo vio, eso sí, «sin ilusión». «Sólo hemos oído ideas que no se concretan. Dos años de gobierno después, no sabemos sus prioridades», dijo con la lengua bien mordida.
Beligerante PNV
Fiel al estilo más beligerante que el PNV lleva ensayando en los últimos tiempos, y cuando el runrún de la moción cobra decibelios -lo que les apearía de su condición de 'socio preferente' del Gabinete Lazcoz-, la portavoz municipal de la formación jeltzale se despachó calificando la intervención del regidor de «aburrida». «No tiene nada que vender. Se ha subido a la colina en vez de trabajar desde el suelo». Malentxo Arruabarrena lamentó su «falta de humildad» y le reprochó «haber dedicado 90 minutos a hablar de cemento y 2 a las personas, a las que nadie sabe cómo va a ayudar».
Su homólogo en EB, por su parte, dijo haber visto en el estrado a una «estatua de sal, echando la vista atrás a gestiones pasadas». Para José Navas, Lazcoz redujo la primera sesión del debate del estado de la ciudad a una «lectura de su programa electoral de 2007».
En similar sentido se expresó el único concejal de Eusko Alkartasuna, que calificó la alocución de «refrito de sus viejas promesas». La diferencia, a juicio de Antxon Belakortu, es que éstas fueron ayer «rebajadas», con lo que «el alcalde ha perdido la oportunidad de liderar a la ciudad».
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