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Sociedad

10.07.09 -

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Poco después de aceptar el reto de llevar las riendas de la política cultural con el primer lehendakari socialista de la historia, Blanca Urgell se lanzó a reconocer el terreno. Enseguida fijó día y hora para charlar con las responsables de área de las diputaciones alavesa y guipuzcoana, pero la primera reunión con la de Vizcaya no se ha producido hasta dos meses después. No parece que haya sido fruto de la casualidad. Las antagónicas visiones que ambos ejecutivos tienen sobre la gestión del Guggenheim, su ampliación a Urdaibai o el nuevo San Mamés -patinazos dialécticos de sendas mandatarias autonómicas incluidas- enrarecieron el ambiente y, tal vez por ello, nada indica a que se vaya a alcanzar algún acuerdo a corto plazo.
«Las posiciones de ambos siguen siendo las mismas: no se ha producido ningún cambio ni se ha tomado decisión alguna», confirmaban a EL CORREO fuentes de la consejería, quienes calificaron la cita como una primera «toma de contacto» para ponerse al corriente de los temas dentro de un ambiente de cordialidad absoluta. «Se ha producido un intercambio de información sobre los distintos asuntos y esperamos seguir haciéndolo en el futuro», agregó un portavoz autorizado de la Administración vasca a primera hora de la tarde.
En la reunión de ayer en Lakua, la consejera estuvo acompañada por dos de sus personas de confianza: el viceconsejero Antonio Rivera -que en su día presidió la comisión de investigación sobre los escándalos en el Guggenheim- y el director de Cultura, Mikel Toral.
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