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ALAVÉS

Con 0-2 y ante un rival en inferioridad numérica el Alavés se dejados puntos en una segunda parte donde se olvidó de atacar

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Dos puntos menos. Es la inapelable conclusión de un choque donde el Alavés pasó ayer del brillo a las concesiones con una alarmante facilidad. De destrozar a base de velocidad y calidad a la defensa adelantada del Lemona a salir del búnker de Arlonagusia sin acabar de explicarse el empate. Con 0-2 y un Lemona en inferioridad numérica desde el minuto 37 el equipo de Pereira se atascó en lo más sencillo. Confundió control con parsimonia. Ni tuvo posesión de balón ni contundencia ni llegada durante la segunda parte y, a cuatro minutos de final, dejó escapar uno de esos partidos donde basta aplicar un mínimo de oficio para que el reloj o un contragolpe en ventaja concluya la tarea.
Después de una semana de prevenciones ante la fortaleza del adversario en su estadio, el Alavés salió con el voltaje por las nubes. El técnico albiazul acorazó además el once inicial para darle un barniz rocoso que protegiera a su equipo contra el bombardeo aéreo. Mesquita entró por Carrión en el lateral diestro; Castells, en un notable debut donde, eso sí, rozó la expulsión, ocupó el puesto de Fran Moreno para adelantar a Romerito hasta el medio centro. La inclusión de Ruano por Óscar Rico y la de Óscar Martínez por Diego Segura acabó de perfilar un conjunto albiazul bastante novedoso y pétreo en el arranque.
Salida excelente
La diferencia de calidad hizo el resto durante la primera mitad. Con dinamismo y facilidad para buscar los contraataques, en la mejor puesta en escena de la temporada. En 25 segundos, Óscar Martínez se acercó al gol y en tres minutos Igor logró desequilibrar la contienda. Tras un afortunado rebote después de su cabezazo, pero con un Alavés que se imponía en todas las parcelas y sólo sufría en acciones aisladas. El cuadro albiazul rompía con facilidad al centro del campo local y la velocidad de Igor complicaba a la zaga rival.
Aunque lo pareció la sentencia llegó en dos toques de seda. Uno de Geni para colocar un preciso pase al hueco y otro de Óscar Martínez, que ante la salida de Alcalde, le batió con toda la calma del mundo, como en un entrenamiento. Apenas 22 minutos y la evidente sensación de que el Alavés se encontraba muy por encima de las dificultades que planteaba el campo -bastante irregular- y un adversario abrumado ante la pegada vitoriana.
Un codazo de Rebollo a Romerito, sancionado con cartulina roja antes del descanso, contribuyó a extender sobre el césped ese espejismo de partido ganado que provocó una excesiva relajación. Con los ánimos ya encrespados en la grada por la exclusión de Rebollo y el indulto a Castells -entrada a destiempo saldada con benevolencia arbitral y cartulina amarilla-, Pereira sustituyó en el descanso al central debutante. Posiblemente por miedo a una expulsión, aunque su contundencia comenzó a echarse de menos de inmediato.
Bajón y goles extraños
El Alavés se acomodó y prácticamente tumbado en el sofá, en bata y zapatillas, esperó una sentencia que no llegó. Se olvidó literalmente de atacar y el guardameta Alcalde, pese a la inferioridad numérica de los suyos, se convirtió en espectador. Ni una sola oportunidad clara por parte albiazul tras el descanso ante un Lemona que explotó sus vías habituales. Balones sobre el interminable delantero Torre, que sin Castells sobre el césped, ganaba ya casi todas las pugnas para dar continuidad al juego y forzaba faltas cerca del área.
El cambio de signo del partido se apoyó en la desidia albiazul, en unos cambios que esta vez estuvieron lejos de mejorar al equipo, salvo la solidez de Iker Gereñu, y en unos goles extraños. El primero, tras una falta al borde del área que se coló rasa y por debajo de una barrera que saltó sin necesidad. El segundo, en una pelota pasada al segundo palo que Solaun controló a placer. Su disparo cruzado en parábola se incrustó en la misma escuadra. Tan cierto como que Pagola, algo adelantado, pareció tener un exceso de vista.
A cuatro minutos del final se encontró la escuadra albiazul deslavazada y casi apurada pese a la superioridad en hombres. Una pelota que Gago rozó en el área supuso incluso un nuevo sobresalto, la oportunidad local para convertir la heroicidad en increíble victoria. El Alavés careció ya de empuje para reaccionar, aunque su pecado resultó anterior. Demasiada complacencia y una evidente falta de ideas para maniobrar dentro de un choque cuesta abajo. De abrir el campo y exigir al rival con velocidad antes del descanso a moverse a ritmo lento y provocar un atasco monumental en el centro del campo que favoreció a un Lemona que recuperaba el balón con sencillez.
Como sucedió en la primera jornada, mucho que aprender de los noventa minutos. Esta vez sin victoria y, sobre todo, ese desencanto de desaprovechar por regalos propios un trabajo casi cerrado.
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