El Alavés recibió ayer el primer bofetón de la temporada, un doloroso sopapo que enrojeció los dos carrillos albiazules en A Malata. En uno de esos partidos que se tuercen de inicio para no volver a enderezarse, el conjunto de Javier Pereira se dejó en el estadio gallego su condición de líder invicto y, lo que es peor, bajo unos peligrosos síntomas. Dos errores defensivos le condenaron y siempre resultó un equipo insípido en ataque. El Racing de Ferrol, que llegaba en graves problemas clasificatorios, demostró ser un rival con un puñado de futbolistas más que interesantes. Marcó los tiempos de principio a fin y pudo incluso sentenciar durante el primer acto.
Al Alavés le pesó el primer gol local hasta convertirse en un fardo imposible de cargar. Tres saques de esquina consecutivos del adversario en dos minutos acabaron con el tanto del central Jonathan en una concesión de la zaga y de Pagola, al que remataron prácticamente en el área pequeña. Frente a un rival que se apoyó en la ventaja inicial para perfilarse al contragolpe y ofrecer verticalidad y buenas combinaciones, a la escuadra vitoriana le faltó de todo. Como se ha demostrado desde el arranque liguero, las complicaciones ante un oponente bien posicionado se convierten en un dolor de cabeza.
1-0 y sin ocasiones
Pereira había optado por mantener el bloque de las últimas jornadas, con la entrada de Igor por Ruano en el once inicial como única variación respecto al choque anterior. Si la idea era buscar los contragolpes las posibilidades acabaron con el tanto local. A partir de ahí, y salvo algunos minutos aislados antes del descanso, el Alavés se limitó a amasar la pelota sin profundidad alguna. Aunque, sobre otras cuestiones, le faltó forzar las situaciones para, al menos, provocar nerviosismo en el rival. El fútbol de toque ante un adversario casi siempre replegado resultó obtuso, sin la mínima claridad en las inmediaciones del área del guardameta Reguero, convertido en privilegiado espectador; y su portería, una lejana quimera para el cuadro vitoriano.
Mientras al Alavés le costaba un mundo acabar las jugadas, no ya rematarlas con peligro, el Racing de Ferrol disfrutó con el contragolpe. La velocidad y movilidad de Carlos se convirtió en una pesadilla para Carrión y Cuesta, este último indultado por el árbitro en una segunda tarjeta que bien pudo ver antes del descanso. Para la escuadra gallega el marcador al descanso resultó corto. Pagola había sacado un uno contra uno ante Carlier y Carrión despejó bajo palos una pelota que se colaba. A cambio, a un deslucido Alavés apenas le dio para un remate de Rico desde la frontal del área.
Segundo mazazo
Si el Racing de Ferrol había perdonado hasta entonces, como lo hicieron en semanas anteriores Osasuna B o Guijuelo, la discusión quedó prácticamente zanjada en la reanudación. Bouzas y Castells chocaron en el área cuando trataban de despejar un balón sin gran peligro y la pelota acabó en los pies de Dani Quintana, otro futbolista de calidad que sentó a Pagola en el amago y empujó el balón a la red. Si el Alavés poco daba como colectivo las acciones individuales extrañas también aparecían en este encuentro.
Pereira había intentado con anterioridad la reconstrucción con la entrada de Fran Moreno en el eje del equipo, lo que trasladó a Guereñu al lateral diestro. El Racing de Ferrol acusó en esta segunda mitad el ritmo sostenido hasta entonces y concedió a la escuadra albiazul más y más metros. No perdió, sin embargo, combatividad en los balones divididos y conservó esa línea de solidez que siempre resultó suficiente para mantener al Alavés a raya. Concretamente en la del área propia, donde vivió con gran comodidad ante una escuadra albiazul que de 45 minutos de posesión no extrajo una sola ocasión clara.
Si el equipo gallego se quedó sin fuelle para el contragolpe, el cuadro de Pereira, ya con Óscar Martínez sobre el césped para buscar un fútbol algo más directo, nunca se entonó. Siguió con ese cansino trote por el centro del campo y sin velocidad ni claridad de ideas en las zonas peligrosas. Y en un duelo como éste, la expulsión de Bouzas por doble tarjeta en apenas diez minutos culminó la nefasta tarde, donde la única noticia positiva fue el debut de Neru -Guereñu sufría calambres-, que acabó con Cuesta en el lateral diestro.
Pura impotencia, en cualquier caso, y la certeza de que ante rivales de cierta entidad el Alavés deberá afinar si pretende que el notable arranque liguero tenga continuidad.