Es difícil sostener un espectáculo humorístico en solitario. El actor que acepta ese reto debe tener una paleta expresiva amplia, una técnica impecable y dominio del relato. Hay contados especialistas. El Brujo, Leo Bassi, Pavlovsky, Christian Atanasiu, el desaparecido Rubianes... Va a haber que ampliar nómina tan corta con un nombre femenino: Rosa Novell.
Tiene una punta de energía brutal, incesante. Se sienta en escena como en casa. El humor escénico es algo destinado a quienes tienen algo que decir y lo saben decir de una manera clara y logren la complicidad del público. Esta actriz y directora catalana lo consigue. Sutileza irónica, fuerza comunicativa, facultades para la musicalidad y el cambio de roles son algunas de sus virtudes en este trabajo. Es directa y brillante.
Cada suspiro posee un calor cromático importante. Desde esos parámetros se ofrece una visión del mundo donde el absurdo, el surrealismo se roza con el hiperrealismo, con lo cotidiano para lograr que dentro de un estadio de gracia conjunta, lo que aparentemente es la cosa más absurda se vaya cargando de significados . Y todo ello a partir del uso de la palabra que, al retorcerlo, al exprimirlo, nos proporciona otros aromas, otros campos semánticos, o, simplemente, otras dificultades técnicas.
La capacidad de sorpresa de 'Sin noticias de Gurb' no se agota y los momentos en que la música particular de Roger Juliá aparece se plantea ese lenguaje personal que poco a poco va siendo aceptado y conocido. Es un trabajo que está lejos de ser considerado un mero ejercicio intelectual. Es algo más, lleno de metáforas, hermoso en su construcción, donde el espectador debe, sobre todo, escuchar.
Es una obra muy entretenida, muy distraída, más cómica que filosófica, más teatral que veraz, pero de las que dejan al espectador la buena sensación de haber entendido algo difícil. Es un trabajo para ver, para oír, para disfrutar. Novell nos acerca, nos hace entender el texto de Mendoza, sus resortes, sus motivaciones y la reflexión, por no decir el mensaje -término odioso-, que el autor realiza sobre sus criaturas, sobre su mundo imaginario, reflejo a veces distorsionado, voluntaria y sabiamente distorsionado, de nuestro mundo.