En una inusual declaración de derrota, de frustración y de hartazgo, el jefe del equipo palestino que negocia el atascado proceso de paz, Saeb Erekat, dijo ayer que su pueblo podría abandonar el objetivo de tener un Estado independiente si Israel continúa ampliando la colonización y Estados Unidos no lo detiene. «Éste es el momento de la verdad para nosotros», aseguró Erekat en una rueda de prensa convocada en su oficina de Ramala, donde señaló que podría llegar la ocasión de que el presidente palestino, Mahmud Abbas, «le diga a su pueblo la verdad: que con la continuación de los asentamientos, la solución de dos estados no se perfila más tiempo como alternativa». «Y quizás -sugirió-, los palestinos deberían reenfocar su atención hacia la solución de un solo Estado en el que musulmanes, cristianos y judíos puedan vivir como iguales».
El amargo reconocimiento público de que las esperanzas se acaban coincidía ayer con los esfuerzos de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, para intentar corregir las controvertidas afirmaciones en las que, el pasado sábado, aseguró que la congelación de los asentamientos no era una condición para reanudar las conversiones de paz. Aquellas palabras provocaron un honda desesperanza entre los palestinos, -que se niegan a reunirse con Israel mientras se construya una sola casa judía más en Cisjordania-, por lo que Clinton tuvo ayer que matizar que Washington «no acepta la legitimidad de la actividad de asentamientos» y que «poner fin a toda la actividad de asentamientos actual y futura sería lo preferible».
Error
Mientras Clinton hablaba en El Cairo -donde se reunió con el presidente egipcio, Hosni Mubarak-; en Ramala Erekat se lamentaba de la confianza depositada por los palestinos en los sucesivos gobiernos de Estados Unidos «Cometimos un error, nos dijeron que al final del juego tendríamos un Estado palestino», explicó con pesar el negociador, que dio cuenta del extremo deterioro que ha alcanzado el proceso de paz revelando el contenido de un determinado mensaje del primer ministro judío, Benyamin Netanyahu a Mahmmud Abbas.
«Le dijo que Jerusalén será la capital eterna e indivisible de Israel, que el asunto de los refugiados no será analizado, que nuestro Estado será desmilitarizado y que tenemos que reconocer (a Israel) como un Estado judío, que no será en base a las fronteras de 1967», señaló Erekat.