Es la distancia entre lo que se puede y lo que es posible, entre la política real y la ciencia ficción que inspira las campañas. Ningún presidente prometió tanto. Por eso no es de extrañar que haya conseguido tan poco. Lo que no resta un ápice a su voluntad ni a que su planteamiento sea correcto. El fracaso significa que habrá más dificultades para sacar adelante sus temas estrella. La reforma de la salud y el cambio climático, entre otros, ya no serán tan progresistas.
A pesar de que la euforia de la victoria haya desaparecido y la nostalgia recuerde que Barack Obama es el primer presidente demócrata que ganaba en Virginia y New Hampshire, feudos que han sido devueltos a sus tradicionales 'dueños', los republicanos. Sí. A pesar de que Virginia fuese el estado que selló su victoria. Esta vez, los jóvenes y los negros no acudieron en tropel a salvarle. Son elecciones locales. A pesar de que el presidente convirtiese la lucha en un test-aniversario, implicándose en la campaña.
Eso mismo dicen algunas cosas: que quienes le votaron no apoyan necesariamente a otros demócratas, que el suelo electoral no es tan firme como indicaba su triunfo clamoroso. Fallan sus bases. Aunque el candidato republicano en New Hampshire fuese quien recogiera fondos para George W. Bush y haya empleado las mismas armas, siga contento de usar la mopa para sacar la basura que había dejado su predecesor. Y ahora le preocupe la amnesia colectiva que queda entre los restos de tanta mierda.
«Recordadme». Pero los que han perdido su empleo han perdido también la memoria. No tiene esa obligación el ciudadano que paga religiosamente sus impuestos. Pero la memoria es dama veleidosa que como viene, va. Y volverá si la recuperación económica se afianza y la reforma sanitaria se consolida. Tiene tiempo, todavía hay tiempo. Han funcionado los estímulos fiscales. No seamos ingenuos, jugará, como siempre ha sido, la efectividad. Arrastra las cadenas de una reforma sanitaria descafeinada, casi agonizante, y desconoce como prevalecer en Afganistán o bajar los humos a los iraníes. En eso es cautivo.
Pero no se ha apagado su estrella y todavía son altos los índices de aceptación entre los suyos (con la que está cayendo). Tampoco su ambición por transformar la imagen de Estados Unidos ha decaído. De hecho, los europeos volverían a 'votar' por él en masa. Tienen la percepción de que el mundo sigue cambiando con Obama.