Su testimonio puso en entredicho la veracidad de la declaración del acusado. «Estaba angustiado, no borracho», dijo Guillermo Mayner, el compañero de clínica a quien José Diego Yllanes, asesino de la joven irundarra Nagore Laffage, llamó la misma mañana del crimen y a quien confesó lo sucedido. «Yo creo que lo hizo para que le ayudara a hacer lo que después él llevo a cabo, deshacerse del cuerpo».
La declaración del compañero de Yllanes, que al igual que el procesado realizaba la especialidad de Psiquiatría en la Clínica Universitaria de la capital navarra, aportó mucha luz al caso. Relató que serían las 11.30 horas del 7 de julio de 2008, en plenos sanfermines, cuando recibió su llamada. «Quería quedar conmigo cuando antes. Al hablar por teléfono le noté que nervioso. Me dijo que algo importante había ocurrido». Guillermo Mayner cogió su todoterreno y se desplazó lo antes que pudo hasta un kebaab existente en la calle Sancho Ramírez, la misma en la que se encuentra el piso donde se perpetró el delito. «Se subió a mi vehículo. Estaba muy nervioso, angustiado. Le pregunté que es lo que ocurría. ¿Te han pegado?, le dije. Su respuesta fue: 'ojalá me hubiesen dado una paliza de muerte'. Comentó que había hecho algo muy malo».
En un relato plagado de detalles, aseguró que José Diego «se retorcía en el asiento del coche». «Hablaba de forma entrecortada. 'Una chica..., el alcohol me sienta mal', dijo. Me preguntó si había visto la película 'Very bad things', -un filme en el que una joven fallece de manera accidental y la persona que está con ella trata de descuartizar el cuerpo-. Sí que la había visto, por eso le dije ¿Está muerta? Entonces se puso todavía más nervioso».
«Ofuscado»
El compañero de Yllanes le comentó que lo adecuado era ir a la Policía. «El decía que no iba a hacerlo porque su familia no podía pasar por esto. Dijo también que si se entregaba su vida se destruía». Mayner reconoció asimismo que cuando el acusado vio que «persistía en la idea de que se entregara, me dijo que si le delataba, se suicidaba. 'Subo al tercero y me tiro' me dijo».
Durante a sesión de ayer también testificó un amigo de José Diego que pasó con el acusado parte de la noche previa al crimen. Relató que en las cerca de cuatro horas que estuvieron juntos ambos bebieron dos cubatas de ron y un chupito de tequila. «Cuando José Diego llegó estaba sobrio y cuando yo me fui estaba borracho». Explicó que su estado de embriaguez era tal que llegaron a orinar contra la barra de un bar, si bien reconoció que, la última vez que vio a Yllanes, «no estaba tan borracho como para hacer una barbaridad». Las amigas de Nagore Laffage que hablaron con el joven esa misma noche tampoco le notaron tan «bebido».
La declaración de José Luis Yllanes Luja, padre del acusado, resultó más breve de lo que cabía esperar. Manifestó que poco antes de la medianoche del 7 de julio hallaron a su hijo en Soragain, donde poseen una vivienda. «Estaba en la parte trasera del coche, hipotérmico, ofuscado, gritaba que nos fuéramos, que se quería morir, que se iba a suicidar. Dijo que no se acordaba de nada, que había visto a la chica en el suelo. Creo que nos dijo que la había estrangulado. Le convencimos para que desistiera de suicidarse, le dijimos que lo mejor era entregarse a la Policía».