Dos tumbas del panteón de las Siervas de Jesús de Haro amanecieron ayer profanadas. El autor o autores de tan macabra hazaña abrieron las lápidas y sacaron los féretros de las hermanas, a las que aparentemente no les faltaba nada. Tampoco causaron ningún destrozo. Tras su primera actuación, los culpables no se quedaron satisfechos. Forzaron la cerradura de la oficina del cementerio, entraron en su interior y revolvieron los armarios en los que se guarda la documentación de los funerales y alguna herramienta. Como el camposanto está lejos del centro de Haro y todo ocurrió de noche, de momento, no hay testigos.
«Suponemos que es una gamberrada, aunque no sabemos si es por robo o por puro morbo. No hemos visto nada raro hasta ahora», decía un trabajador del cementerio jarrero, que no se podía explicar lo sucedido. «Suponemos que no falta nada en la oficina, aunque todavía estamos revisando todos los papeles. De todas formas, esos papeles no te dicen nada de las pertenencias de las personas enterradas», explicaba. Así, subrayaba la posibilidad de que fuese una casualidad que las tumbas pertenezcan a monjas, ya que el panteón de las Siervas de Jesús se encuentra situado junto a la tapia del cementerio, en la calle San Pedro, lo que pudo facilitar a los autores el acceso al interior del camposanto. «Tan sólo hay que dar un salto», decía. Respecto a la posibilidad de que se pudiesen guardar objetos de valor en las tumbas, el trabajador aclaraba que «no es común, lo normal es que los recuerdos se los quede la familia».
Un jarro de agua fría
Tras las primeras pesquisas, fuentes de la Guardia Civil apuntaron a este periódico que sopesan «la posibilidad de que se trata de una gamberrada macabra, que pretendía afectar a lo más hiriente. No pretendían llevarse nada». No obstante, continúan las investigaciones a la espera de capturar a los autores de estos actos vandálicos y calcular el importe de los posibles daños causados.
Por su parte, la noticia caía como un jarro de agua fría en el Instituto de las Siervas de Jesús de Haro, que no daban crédito de la noticia. «Estoy con los pelos de punta y hasta con escalofríos. No nos han dicho nada de nada», decía una de las hermanas, quien explicaba que la última monja que se enterró fue hace cuatro años. Hasta la fecha, el cementerio de la localidad jarrera nunca había sufrido un acto semejante, «ni ningún otro», explicaba el trabajador.
Lo más extravagante de esta profanación es que las tumbas pertenecen a monjas, algo que hasta el momento no había ocurrido en La Rioja. Cabe recordar que la última profanación ocurrida en la región sucedió en marzo de este año en el cementerio de Pradejón, cuando cuatro jóvenes de la localidad profanaron y causaron daños en dieciséis tumbas. 48 horas después fueron detenidos.