El historiador logroñés Roberto Fandiño no es precisamente un recién llegado en la investigación histórica de Logroño y alrededores. Ayer presentó su última cria-tura de papel, 'El baluarte de la buena conciencia', un voluminoso libro de 687 páginas que aborda, detalla y se detiene en el franquismo y la propaganda y prensa como nudo argumental.
Aborda la realidad española y riojana sobre el control de la propaganda y los medios, a través de la Ley de Prensa de 1938. Especialista en historia local, lo dijo José Miguel Delgado, el autor «sabe trascender el localismo para presentarnos la realidad no sólo provincial, sino española del momento, y siempre con muchos elementos comparativos externos», opinó el responsable del IER.
El autor precisa que su obra es una historia sobre la propaganda, pero no sobre ésta al uso. «Los historiadores de la propaganda muchas veces han trabajado mucho en lo que consideramos sus grandes aspectos: la cartelería, el cine, los discursos, pero a veces han dejado quizá al margen aspectos que se introducen en las vida cotidianas», apuntó.
Y detalló: «Hablo de la vivienda, el urbanismo, los 'informes de rumores'».
Fandiño aseguró que La Rioja tiene un fondo de archivo «excelente sobre propaganda franquista». Entre los papeles aparecen fantasías, miedos de la gente de la época. Es lo que se dice, se comenta, nos dicho que oído y frases así.
Lo detalla el investigador tras hozar miles de papeles. «Se dice que va a bajar el precio del pan, que Mussolini estuvo en Santo Domingo de La Calzada mientras huía de Italia, es un mundo de fantasía y, a la vez, de la importancia que concede el régimen de Franco al control de la opinión», comenta.
¿Por qué? «Porque al mismo tiempo que controla los rumores, difunde otros para contrarrestar aquellos que puedan ser más críticos con la dictadura», razona.
Cine infantil
Se hilaba fino en lo propagandístico. Y aporta un detalle: «En las sesiones de cine infantiles, que tenían un precio más barato, estaban organizadas de tal forma que los cortos destinados a los niños eran los últimos, ya que por delante había tres o cuatro cortos de propaganda», describe Fandiño.
No es un libro para especialistas, quede claro con antelación. Recomendable a curiosos.