«Nos acaban de decir que dentro de tres días, si no hay movimiento de esos dos que están ahí en España, matarán a los tres. E iremos otros tres, y así hasta el final». La crisis del 'Alakrana' alcanzó ayer su punto más dramático, cuando se cumplían 35 días -hoy son ya 36- desde que el atunero bermeano fuera apresado por bandidos somalíes en aguas del Índico.
En una calculada estrategia para lograr la mayor repercusión posible, los piratas desembarcaron del pesquero a tres marineros y amenazaron con matarlos en 72 horas si España no libera a los dos cómplices capturados por la Armada que se encuentran ahora encarcelados, a la espera de juicio, por orden de la Audiencia Nacional. Entre los expertos, y también entre los especialistas del Ministerio de Defensa y en los servicios de Inteligencia, se confía en que se trate de un movimiento de amedrentamiento para lograr un rescate mayor.
La estrategia de los secuestradores estaba medida al milímetro. Después de varias jornadas de calma a bordo, reunieron por la mañana a la tripulación en proa, dispararon tiros al aire y lanzaron al mar al menos dos bombas. Los cabecillas informaron a los 36 marineros de que se iban a llevar a tierra a tres de ellos y dieron orden a algunos de los rehenes españoles de que llamaran a sus familias y se lo contaran. A media mañana ya se conocía la noticia en todo el país. Los tres arrantzales desembarcados, según se supo después, son dos gallegos y un vasco. Anoche sólo habían sido identificados los dos primeros: Antonio Manuel Pérez Fernández, del municipio coruñés de Boiro, y Joaquín Fernández, de Baiona.
Según las fuentes de los servicios de Inteligencia citadas por la ministra Carme Chacón varias horas después, tras confirmar el desembarco, el movimiento se produjo entre las 8.30 horas, cuando los piratas reunieron a la tripulación, y las 9.30, cuando fueron conducidos a tierra a bordo de una embarcación menor. El plan de los secuestradores para aumentar la angustia de las familias continuó en las horas siguientes. De forma absolutamente excepcional permitieron al patrón, Ricardo Blach, contestar al teléfono y mantener conversaciones de hasta cinco minutos con medios de comunicación españoles.
Una de las más emotivas fue la obtenida por Radio Euskadi, que la difundió íntegra a media tarde. Blach, con la voz tomada por la preocupación pero luchando por expresar serenidad, transmitió la amenaza que les hicieron llegar los piratas. Según su testimonio, el propósito de los bandidos es matar en tres días a los marineros apartados del grupo y hacer lo mismo con otros tres cada 72 horas si no se produce la liberación de sus dos compañeros capturados por la Armada española el pasado 4 de octubre, dos días después del abordaje. Ambos fueron trasladados a Madrid por orden del juez Baltasar Garzón, que estaba de guardia en ese momento; y, después de un notorio embrollo judicial para confirmar la mayoría de edad de uno de ellos -el conocido como Abdu Willy-, se encuentran encarcelados a la espera de juicio. Se les acusa, entre otras cosas, de 36 delitos de detención ilegal -uno por cada tripulante-, por lo que podrían enfrentarse a decenas de años de cárcel. «Matarán a los tres», dijo Blach, con un hilo de voz. «No contábamos con ello. Nos amenazaban, nos amenazaban (con llevar a algunos a tierra), pero no llegaba el día. Pero hoy llegó». Y después «iremos otros tres y así hasta el final. Imagínate cómo estamos».
«Andan drogados»
Blach situó en este punto las complicaciones que están prolongando la duración del secuestro, que ya es seis veces más largo que el sufrido por el 'Playa de Bakio' hace año y medio. El patrón consideró que «lo del dinero ya está solucionado», pero que «lo que quieren es que vengan esos dos», dijo, por los piratas apresados en España. «Una vez que vengan esos dos con el dinero ya contratado, listo. Viene el dinero, vienen los dos y nos vamos. Pero si no, no sé qué va a pasar. Cada día están más nerviosos, andan drogados, se pelean aquí arriba entre ellos...», narró.
El patrón, de origen gallego, confirmó que los asaltantes y sus cabecillas tienen diferentes objetivos. Los primeros se dan por satisfechos con el pago del rescate; pero los segundos, que vienen de tierra, insisten en que los piratas encarcelados deben ser moneda de cambio. En una declaración a una radio gallega, Blach aseguró también que apenas daba crédito a la amenaza, aunque admitió que la inquietud y el miedo es el sentimiento común a bordo. Las provisiones, además, empiezan a escasear. No tanto la comida, pero sí el agua potable. «Somos mucha gente, ellos son 30 piratas y nosotros, 36, mucha gente a consumir. Aunque tratamos de no gastar tanta agua, a ellos les da igual, prefieren que se acabe cuanto antes para presionar más». Blach transmitió asimismo la frustración de los marineros respecto a la actuación del Ejecutivo español. «Pedimos al Gobierno que deje de mentir y que diga la verdad», soltó.
Gabinete de crisis
La gravedad del nuevo giro que ha dado la situación del 'Alakrana' hizo que fuera un día de gabinetes de crisis. El primero tuvo lugar en La Moncloa, donde se reunió durante dos horas la célula de coordinación del Gobierno, dirigida por la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Los especialistas en Inteligencia tratan de confirmar la veracidad de las amenazas de muerte. La empresa armadora del 'Alakrana' duda de que sean ciertas y transmitió ayer que, a su juicio, se trata de una maniobra para forzar el pago del rescate.
En Euskadi también fue una jornada intensa. La consejera de Pesca, Pilar Unzalu, se reunió por la tarde con los alcaldes de los municipios vascos de los que proceden los arrantzales, a los que se sumó Bilbao, donde parece residir uno de los tripulantes, un dato que se desconocía hasta ayer. Con posterioridad se reunió en Lehendakaritza, presidido por Patxi López, el gabinete de crisis del Ejecutivo autónomo, al que asistieron, llamados por la Presidencia vasca, la ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, Elena Espinosa, y el secretario de Estado de Defensa, Constantino Méndez. La ministra tuvo un encuentro con familiares de los marineros en la capital vizcaína.