Han tenido que pasar muchas cosas para que se cambie el vetusto techado del hospital Txagorritxu. Y todas han ocurrido en los últimos meses: granizadas, tormentas, goteras, permisos... Hasta que por fin, el miércoles arrancaron los trabajos. La sustitución de las cubiertas para evitar inundaciones como la ocurrida en septiembre se prolongará durante tres meses como mínimo -no dos, como en un principio se había anunciado- y costará medio millón de euros, según explicó a EL CORREO el director del centro, Francisco Villar. No sólo se pondrá un nuevo tejado en la séptima planta, sino que la reforma también afectará a Neonatología y Hemodiálisis.
La obra es delicada y se lleva a cabo con la vista clavada en el cielo porque se va a desarrollar en la época del año menos recomendable, cuando la lluvia y la nieve pueden complicar la situación. De hecho, la dirección del hospital ya está informando por escrito a los pacientes ingresados en la última planta y a los trabajadores de que una tromba de agua inesperada podría obligar a evacuar alguna zona e incluso cerrarla un máximo de seis días.
¿Por qué no se ha hecho antes la obra, por ejemplo en verano? Para entender el asunto hay que remontarse al 1 de julio, cuando se produjo la granizada que causó daños millonarios en toda la ciudad. Entonces, los agujeros que provocó el pedrisco en el techo del centro sanitario fueron parcheados de manera provisional con plásticos y tela asfáltica. Por eso, cuando en septiembre una fuerte tormenta castigó la capital nadie pudo evitar que el agua entrase en las habitaciones. La séptima planta quedó anegada, 38 camas fueron cerradas, desalojaron a 25 pacientes y se suspendieron varias operaciones.
Trabajos secuenciales
Entonces, se reforzó la cubierta con más plásticos y sacos terreros. Pero, sobre todo, se activaron todos los mecanismos de emergencia para agilizar los trámites y hacer posible una reforma integral del techado que llevaba años esperando: el actual tiene más de 30 años y ya necesitaba un relevo. El inicio de los trabajos estaba previsto para el mes pasado, pero los plazos se dilataron porque el material que hay que retirar es amianto, peligrosísimo mineral cuya manipulación necesita de permisos y protocolos que han retrasado el proceso.
Al fin arrancaron las obras, que no terminarán como mínimo hasta febrero. Todo depende de la meteorología. Si se encadenan varias jornadas de lluvias que imposibiliten trabajar, el fin de la reforma se retrasará: los operarios se verán obligados a cubrirlo todo con plásticos y esperar a que escampe. Pero lo que más preocupa a las autoridades sanitarias son las posibles molestias a los pacientes. Para evitar que una tormenta ponga a remojo a la vez a las cuatro alas de la última planta, las labores se harán secuencialmente.
Esto quiere decir que se trabajará primero en una de las alas: se retirará la cubierta dañada, luego se echará una capa de compresión, a continuación se instalará tela asfáltica y, por último, canto rodado. Cuando este proceso esté finalizando, se comenzará con el ala siguiente. En cada una de ellas hay 32 camas, que serían las que habría que mover o incluso trasladar al hospital Santiago -ya está establecido el protocolo- si la meteorología pusiera al complejo en un aprieto.
En estos momentos se está trabajando en el ala A, donde están ingresados pacientes con enfermedades respiratorias. Luego se abordará la obra en la D, de pruebas complementarias, donde los carísimos aparatos ya están cubiertos de plásticos. Le seguirán las alas B y C, de Digestivo y Cardiología, respectivamente. En el retechado de cada ala -con una superficie de 600 metros cuadrados- se emplearán tres semanas, aunque la última se solapará con el arranque en la siguiente sección, explica el subdirector de servicios generales del centro sanitario vitoriano, Jesús Gil. En total, contando los edificios de Neonatología y Hemodiálisis, se actuará sobre más de 3.000 metros cuadrados.