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Una matanza para vengarse de Obama

MUNDO

Una matanza para vengarse de Obama

07.11.09 -
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Cuando Barack Obama prometió el jueves que conseguiría «todas las respuestas a cada pregunta» que dejó la masacre de Fort Hood, en Texas, no se imaginó que él mismo podría responderlas. El mayor Nidal Malik Hasan, que abrió fuego contra sus compañeros a punto de ir a la guerra, se había enajenado al ver que el presidente no cumplía con su promesa de retirar las tropas de Irak.
Mucho de lo que ocurrió a las 13.30 horas en el Centro de Preparación del Soldado sigue siendo confuso. Para empezar, Hasan no está muerto, como sostuvo durante muchas horas el Ejército, sino conectado a un respirador, con cuatro disparos en el cuerpo. Al parecer, fue la oficial de policía Kimberley Munley quien consiguió detenerle en un pasillo a pesar de que previamente ella había recibido un tiro del atacante. Hasan está inconsciente pero sin que se tema por su vida. Algo que tarde o temprana permitirá aclarar esas dudas que tanto desasosiego han dejado en el pueblo estadounidense.
Mientras, fue su primo Nader Hasan el que arrojó un poco de luz. «Estaba muerto de vergüenza con la idea de ir a Irak», contó. Hijo de exiliados palestinos, el mayor de 39 años se había refugiado aún más en su fe musulmana desde que murieron sus progenitores, su madre el mismo año de los atentados contra las Torres Gemelas. No debía ser fácil ser militar en esos días en los que la Administración Bush convirtió a todos los islámicos en presuntos terroristas. «La gente se metía con él y le decía cosas horribles sólo por su fe religiosa», explicó. Su oposición a la guerra de Irak le creó aún más enemistades en el Ejército, y llegó a contratar un abogado para encontrar una salida legal al contrato que le ataba a las Fuerzas Armadas. Pero el letrado le dijo que, incluso si pagaba el costo de la educación universitaria que le había sufragado el Pentágono no podría librarse de su yugo. «Creo que había abandonado esa lucha y se había resignado a cumplir sus días», aseguró su primo.
Sí a Afganistán
Hasan puso la raya en Irak. Estaba incluso dispuesto a empuñar el rifle contra otros musulmanes en Afganistán, pero no en Irak, adonde iba a ser destinado a final de mes, para sorpresa de su familia. Sus mandos no aceptaron el trueque de destinos. Su última esperanza había sido votar a Obama, que no ha cambiado un ápice el lento calendario de la retirada de tropas que diseñó Bush.
Según su primo, el Ejército reclutó a Hasan en el colegio, contra la voluntad de sus padres. Estudió Biología en el campus de Virginia Tech, donde hace dos años se produjo la mayor masacre de la historia de Estados Unidos -32 muertos a manos de un estudiante de origen coreano con problemas de dicción-. Completó su educación con un título médico en la Universidad de Bethesa (Maryland), a las afueras de la capital federal, y terminó por convertirse en psiquiatra antes de ser destinado al Walter Reed Medical Center, el hospital militar que más descerebrados y amputados trata en todo el país. «Oyó historias terribles», le compadeció su primo, frente a los que le califican de traidor.
En su mezquita le recordaban ayer como un buen hombre que a menudo usaba vestimenta musulmana, pero que nunca dio indicios extremistas. Algunos testigos de la masacre rampante aseguran que antes de abrir fuego gritó en árabe «Alá es grande», pero John Rossi, comandante adjunto del fuerte, no pudo confirmarlo.
Un día de terror
Allí donde las tropas revivieron por un día el terror que traen del campo de batalla, algunos sacaron partido de sus traumas. Howard Appleby, que se encontraba en la cola para el psiquiatra, se apresuró a hacer torniquetes a los heridos. «Fue como volver a Irak», dijo a 'The Washington Post'.
Más de uno debió reaccionar en automático. De hecho, algunas fuentes aseguran que Hasan no causó los 13 muertos y 31 heridos, sino que parte sería atribuible al 'fuego amigo' que se desató. La investigación recae en el Ejército, que por ahora pone en manos de Hasan dos pistolas, una automática y otra que ni siquiera disparó. Según esa versión, debió ser un pistolero muy rápido y bien pertrechado de munición para poder recargar y acertar tantos blancos antes de ser abatido. Muchas de las víctimas tenían múltiples impactos.
Por órdenes del presidente, Estados Unidos guardó ayer varios minutos de silencio a la hora a la que había ocurrido el tiroteo y mantendrá las banderas a media hasta en señal de duelo hasta el miércoles, Día de los Veteranos.
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Una matanza para vengarse de Obama
Un compañero consuela a una suboficial que no puede ocultar su dolor. / AP
Una matanza para vengarse de Obama
El autor de la masacre. / AP
Una matanza para vengarse de Obama
El mayor Hasan, con vestimenta musulmana, hace la compra días antes de la masacre. / AFP
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