Banda sonora
La ambientación musical de las obras de Miguel Ángel Martín remite a los pioneros de la electrónica. El autor se decanta por Kraftwerk, «una influencia básica del pop contemporáneo», pero también alude a Cabaret Voltaire, Esplendor Geométrico y, sobre todo, Whitehouse, controvertida banda creada en los ochenta y que ha llegado al momento presente.
Miguel Ángel Martín
Garabat (Bilbao)
Fecha: Hasta el 6 de enero de 2010.
Dirección: Dos de Mayo, 19.
Horario: Lunes a viernes, de 10.30 a 14.00 y de 17.00 a 20.30 horas. Sábados, de 11.00 a 14.00 horas.
Transportes: Metro: casco Viejo. Tranvía: Ribera
Ciertas atmósfera naíf envuelve el cómic y la ilustración actuales. «Hablan de relaciones ingenuas, tendentes al narcisismo, con poco que contar», señala Miguel Ángel Martín sobre sus colegas. Él, uno de los artistas del género con mayor proyección internacional, apunta y da en el corazón de esos autores que nunca perdieron la inocencia. «Revelan una nostalgia de los años 50, una época que no conocieron, y les encanta contar cosas tristes –analiza–. Son niños con sensiblería barata».
Su trabajo nada tiene que ver con esta tendencia, como se puede comprobar en Garabat. La exposición, que forma parte del festival MEM, acoge treinta obras originales además de una reproducción de gran formato en edición limitada y exclusiva. Las imágenes evidencian su alejamiento de los mundos plásticos de Yupi. La ciencia y la tecnología constituyen las principales influencias en sus creaciones. «Pero no hablo de superhéroes, sino que intento elucubrar lo que pasará mañana con nuestra sociedad».
Tales previsiones resultan aterradoras. Los retratos expuestos muestran a sujetos de naturaleza ambigua, repletos de cables que entran en cuerpos de dudosa sexualidad. La pornografía es otro de los motivos de interés de Martín, quien reconoce su fascinación por ciertas parafilias vinculadas al látex y las máscaras. «Por esa corriente gilipollesca, en el cómic de autor si dibujas una polla resulta que choca, que es mejor hablar de ese polvo que no has echado nunca». Sin embargo, su éxito parece rebatir esa apreciación tan puritana. «Claro, no escuches lo que el público dice, sino observa lo que hace».