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'La crisis carnívora'. Enrique San Francisco (actor): «Yo tengo peligro»
El actor Enrique San Francisco pone voz a la hiena de la película, un bicho malhablado y con «una pinta de cabronazo que no es normal». Pero puntualiza: «No soy así»
23.11.07 -

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'La crisis carnívora'. Enrique San Francisco (actor): «Yo tengo peligro»
Interpreta a una hiena deslenguada y harta de frutas y verduras en ‘La crisis carnívora’, una película gamberra que puede presumir de ser la primera desarrollada en formato flash. Su voz inconfundible marca el ritmo a Pablo Carbonell, Álex Angulo, José Coronado o Joaquín Reyes, convertidos también en simpáticos animalillos que luchan por el Pacto Vegetariano para mantener la paz.
–¿Es usted muy carnívoro?
–No mucho. Soy más de cosas light y todo eso. A mí me gusta la carne muy hecha, en plan zapatilla, y así no se aprecia la calidad del solomillo.
–¿También le cuesta contener los instintos primarios?
–Todos tenemos dos seres. Uno es el primario y otro es el racional. Esto es una lucha continua, qué se le va a hacer.
–¿Se siente identificado con ese dibujo animado?
–Me encanta ese dibujo. Pero yo no soy tan cabronazo. La imagen de la hiena me impactó. ¡Vaya careto que tiene! Tiene una pinta de cabrón que no es normal, pero yo no soy así.
–¿Por qué cree que le han elegido para ponerle voz?
–Porque se trata de poner voces de personas conocidas. Quería hacer una voz diferente, así como de hiena, y que no se me conociera, pero me dejaron muy claro que eso no es posible, que se trataba precisamente de que la gente la reconociera, al igual que sucede con Coronado y con Angulo. Me decepcionó, pero por otro lado lo entendí, ¡hostia!, y me jodí.
–Parece que aporta algo al personaje, ¿no? Esas palabrotas…
–Pues sí, pero no es una cosa que yo haya decidido. Los tacos hay que saber decirlos y con gracia. En mi vida real los digo, pero no los uso en el curro. Eso sí, bien dichos son cojonudos. En la obra de teatro que tengo ahora no los uso.
–¿Le gustan los dibujos animados?
–Me encantan. Me he visto todas. ‘Ratatouille’ es una maravilla…
–¿Todavía cree que es feo? Hay quien le encuentra su punto…
–Es la suerte que he tenido. Nunca he pensado que fuera guapo. Si me dicen que a alguien le resulto atractivo, pues lo puedo entender, pero guapo… Alguna vez me lo han dicho cuando he salido a un escenario y he dicho: «Pero bueno, ¡qué sabrá de guapos esta mujer!».
–¿Sigue sin novia?
–Sí.
–¿Y lo sigue intentando?
–Siempre.
–Porque quiere sentar la cabeza…
–No exactamente.
La música y la moto
–Dicen que con 20 años era muy golfo.
–Sí, bueno, ahora no es que no lo sea, ¿eh? Sigo igual. Lo que pasa es que también hay que saber envejecer y, sobre todo, no sentirse fuera de tiempo. Porque yo tengo peligro. Me encanta lo nuevo, me encanta la gente joven y estoy muy abierto. ¡Me encantan el house y el trance con 53 años! Prefiero oírlos en mi casa, porque ya he salido tanto… Antes no es que saliera más, ¡es que no entraba en mi casa!
–¿Sigue andando en moto después de aquel accidente?
–Sí, sí, claro. En una semana y pico me la dan. Ahora está en revisión. Tengo una BMW K1200, que es la que me dio el hostión. Pesa 300 kilos con el depósito lleno, tiene 160 caballos, te coge 285-290 por hora. Es muy difícil de llevar. En respuesta baja es bastante mala, pero es cojonuda. No la cambio por ninguna. Estuve tres años sin poder montar, aunque me puse una cosa para poder poner las muletas en la moto. Seis meses con un cable, ocho y pico en silla de ruedas, y cuando me sentí más libre es cuando me pude subir a la moto.
–¿Es el Woody Allen español?
–No, no. Mira, Woody Allen es un tipo que tiene muchísimo talento y yo he hecho su papel de Larry en ‘Misterioso asesinato en Manhattan’. Nunca he pretendido imitarle, primero porque él no es actor. Hace de él mismo siempre. Es un genérico. Yo he interpretado a Larry, pero habría sido más fácil ponerme gafas, dar vueltas y poner sus gestos.
–Usted también es muy nervioso.
–Joder, ando siempre así. Tengo una cosa que es acatarsia. No puedo parar ni detenerme un momento. Soy así.
–¿Cómo ve la televisión?
–No la veo. Sólo las noticias, para cabrearme un poco más. Pero lo del corazón es lamentable. La veo mal. Creo que abusa y que hemos caído en el error de respetar a la audiencia. Debería haber un código ético y una censura en el buen sentido de la palabra. Ya ni siquiera respetan la hora de los niños. Hace 20 años hacíamos ‘La bola de cristal’ y creo que informaba, enseñaba, entretenía.
-Dijo una vez que la edad le hacía sentirse desencantado…
-No, no. Desencantado no: escéptico, porque tienes sentido crítico. Cualquier tío con algo de criterio tiene que estar así. Pero no soy nada negativo. Me encanta la vida. Soy un tío superpositivo.
-Desde los seis años actuando, ¿qué lección saca de todo esto?
-Que ser actor es muy difícil. Una cosa es ser actor, otra hacer un genérico y otra representar en la pantalla lo que eres en realidad en la vida. Mi profesor fue Fernando Fernán Gómez, que me guió desde los 17 años. Hay actores malos, buenos y luego está Fernán Gómez. A veces me acuerdo mucho de él. Cuando veo esa dejadez, esa mediocridad, me imagino al maestro. Él iba a hacer que todos salieran disparados a hostias.
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