Isla de Lobos
A sólo dos kilómetros de Fuerteventura, se halla un lugar casi virgen, protegido desde hace más de dos décadas: Isla de Lobos. Un paraíso desértico, ideal para los amantes del silencio y la tranquilidad. El plan es sencillo. «Desde Corralejo se coge un barquito, que tarda dos o tres minutos. Una vez allí, te encuentras como Leonardo Di Caprio en la película ‘La playa’. ¡En una mañana puedes rodearla!».
Con total respeto a la Naturaleza, se puede pernoctar en esta isla: «Yo me he quedado alguna vez. Lo mejor es dormir allí junto a una hoguera, mientras un amigo toca la guitarra y contemplas las estrellas. ¡Y nada más levantarte a surfear! Es una escapada genial al alcance de cualquiera».
Sus preferidos
Dónde comer
En Fuerteventura recomienda un típico restaurante majorero, ‘Los Pinchitos’ (Coronel González del Hierro, 21, T 928868181). Este local está Lajares, donde también se pueden encontrar varios bares naturistas en la zona de la carretera. «Te ponen unos batidos muy ricos y de comida, plátano con miel». En Almería, Eunate rememora el sabroso mero que comía en el bar ‘El Borany’, en San José. Para los amantes de la comida casera, cerca de este pueblo, está el restaurante Macarena II (Avenida Carlos III, Aguadulce, T 950552060), con postres artesanos y asador de leña.
Dónde dormir
En Fuerteventura cualquier alternativa es buena para relajarse y disfrutar del sol y del mar. Aunque hay opciones más caras que otras. Para los que quieran lujo y tranquilidad, un sitio perfecto es el hotel Bahía Real (de cinco estrellas). «¡Es una pasada! Y tiene un SPA increíble», reconoce esta deportista bilbaína. El lujo bajo los pies. Pero una opción más económica es alojarse en los apartamentos Cotillo Lagos, «frente a una amplia y extensa playa».
Hace un mes estaba en Brasil compitiendo entre las mejores del mundo en bodyboard. Y hace pocas semanas en Tenerife, en pleno entrenamiento. Eunate Aguirre siempre está en la cresta de la ola. A los 16 años ya giraba por toda España y, a los 27 puede presumir de haber surcado las aguas más cristalinas del mundo: en Hawai, Australia, California... Estos países tienen una gran oferta de playas, pero en España también hay rincones inolvidables para disfrutar del mar y el sol. Esta deportista bilbaína nos conduce hacia paisajes de película, puestas de sol en silencio y chiringuitos en Fuerteventura, Llanes y Almería.
Su profesión le permite el lujo de cambiar los oscuros inviernos del País Vasco por la luz de Fuerteventura. «Para entrenar suelo ir mucho allí y me encanta el norte de la isla, el municipio de La Oliva. Arena blanca, playas salvajes, sin bares alrededor... Es una escapada sin grandes comodidades. ¡Te das cuenta de que se necesitas muy pocas cosas para vivir!», reconoce Eunate. Los más aventureros tienen una cita obligada en Cotillo. En este pueblecito hay unas pequeñas lagunas, que se encuentran al sur de su pequeño puerto. La mayoría tienen acceso a pie por pistas. Eso sí, el mejor plan es llevarse unos bocatas y bebida para perderse como Robinson Crusoe.
Pero si te gusta la acción, sólo hay que alquilar un todoterreno y acercarse a los acantilados. La playa del Ajibe de la Cueva y la del Aguila son salvajes y no muy visitadas por su difícil acceso. Allí se encuentra el paraíso: cielo azul y océano turquesa bordeado de espuma blanca. Muy cerca de esta postal, se encuentra otro edén: Corralejo. «Suelo ir con varios compañeros y alguna vez nos hemos deslizado con los buggies por las dunas de este pueblo. ¡Es maravilloso!». Sus kilométricas playas –muy visitadas por nudistas– forman un parque natural. Y su exposición al viento, las hacen perfectas para las actividades marinas.
Sólo a diez minutos, nos adentramos en Lajares. La principal atracción para turistas es la tienda de artesanía, donde las mujeres del lugar hacen encaje y bordados. «Este apacible pueblo es perfecto para hacer trekking mientras visitas todos sus volcanes. Es una sensación muy hermosa ver el paisaje desde el cráter», retrata Eunate. Y antes de salir del municipio de La Oliva, hay que reservar un día para subir a la cumbre del Tindaya –el polémico monte donde Eduardo Chillida imaginó una escultura en su interior y cuyo proyecto, al parecer, verá la luz–: «Hay hasta pisadas de antiguos guanches».
Paella y marisco en Asturias
De la desértica Fuerteventura a la verde Asturias. «En Llanes hay que desplazarse hasta playa Andrín. Es muy pequeña y cuca». Eunate suele ir en el día desde Sopelana sólo para coger buenas olas. Hay parking para el coche y un estupendo chiringuito donde se puede comer una paella o un poco de marisquito. «El chico de la barra es muy animado y puedes comer mirando el acantilado», relata la campeona de bodyboard. Una comilona que viene muy bien para bajar hacia la calita: «Hay una cuesta increíble. Pero antes se puede ir al mirador de la propia playa, que fue un búnker».
Pero, sin duda, uno de los recuerdos más profundos de Eunate son las vacaciones de pequeña en Almería. El bodyboard le aleja de las aguas cálidas del Mediterráneo, aunque nunca podrá olvidarse de una playita en el Mediterráneo. «Te va ha sorprender mi sugerencia. La cala del muerto en San José. El último reducto hippy». Enclavado en el Parque Natural de Cabo de Gata, este pueblo de pescadores ofrece tranquilidad y belleza. Y la ruta que nos presenta Eunate es muy atractiva: por la mañana ir a la cala de Monsul, donde se rodó una de las escenas de ‘Indiana Jones y la última cruzada’; ya por la tarde, unas compritas de piedritas para hacerte collares en Salamandra, y después cenar pescaíto en cualquier restaurante». Mejor que el Caribe.