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San Prudencio. Vitoria, a toque de corneta
Trompetas y atabales llaman a Retreta antes de que tres centenares de cocineros, soldados y barrileros hagan tronar sus tambores
16.11.07 -

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San Prudencio. Vitoria, a toque de corneta
A nadie le deberá extrañar, y si es así ya se lo iremos explicando por el camino, que los alaveses aprovechemos un toque de retirada para echarnos a la calle y tirar adelante. Es uno de nuestros secretos mejor guardados, la fórmula para hacer siempre lo contrario de lo que decimos que vamos a hacer, pero sin que se note.
Cada 27 de Abril nos conspiramos los unos y los otros para preguntarnos sin convicción, ¿vas a ir a la Retreta? Tanto lo decimos por aquí y por allá que cualquiera que nos pille al paso pensará en seguirnos por ver dónde vamos con tanto desinterés.
Y, si nos lo preguntan, somos muy capaces de contestar, incluso. La retreta, ¿qué es la retreta?, pues dice una canción que no es mas que una sosada que no hay otra igual. Pero nosotros, vamos. Luego, por lo mismo, ustedes, vengan. El programa es de tal corte que cualquiera puede participar en él. ¡Como no hay que hacer nada!
Cuando se acercan las nueve de la noche nos juntamos en la Plaza de la Provincia de Vitoria-Gasteiz. No muchos, no todos, bastantes sí. Estamos por allí mientras quien sea canta o baila en un escenario entre atenciones de intensidad diversa (este año habrá danza y txalaparta). A en punto según el reloj de la Iglesia de San Pedro, salen trompetas y tambores al balcón principal del palacio de la Diputación y tocan a retreta, nos advierten de que hay que retirarse antes de que se cierren las puertas de las murallas. Así cada cuarto de hora. Nosotros no sólo no hacemos caso, sino que nos emocionamos un poco y disimilamos como que no cantamos, para que no nos oigan. Nos miramos. En plena confianza, les recordamos a nuestros amigos, y a ustedes también: los alaveses en este día en armonía y buena unión celebran fiestas a San Prudencio, a San Prudencio su patrón. Y vuelta al tun-tun. Se cierra el balcón. ¡Ya está! Hace años, todos a casa. Ahora no.
Es el momento de pasar al siguiente acto de la comedia. Perderse por entre la bien surtida hostelería de la zona (ver recomendaciones) y tratar de mediar en la disputa eterna entre los partidarios de echarle algo de tomate a la salsa de los caracoles -¡qué horror!, dirán los otros- o entre los distintos tonos en los que se puede despotricar contra el que se pasa, o no llega, con el punto del huevo en el revuelto de perretxicos.
Si el tiempo aguanta, y si no también, por molestar a San Prudencio y a su fama de ‘meón’, caracolearemos, pues, hasta las doce para conocer quién es el primero que se entera de que ya viene la Tamborrada. Es bueno recordar que no estamos en Donosti y que, a los alaveses, no nos gusta que nos lo recuerden. Tenemos nuestra Tamborrada, o nuestras tamborradas porque a lo mejor la noche nos sorprende tropezándonos con otra, además de la que vamos a ver tocar en la Plaza de la Provincia. La de las sociedades Orkonpon e Irrintxi, por ejemplo.
La prudencia alavesa
La Tamborrada general termina su intervención y sale por la calle Diputación hacia la Virgen Blanca. Es muy difícil describir la sensación mientras caminan música y tambores entre el gentío. Pam, pam, pam, pam, parabarapam, pam, parabampam, pam… Después, debe de ser así, el silencio vuelve y llega el momento de la decisión.
Si no fuera porque suena a tópico tendríamos asumido hace tiempo que los encargados decidieron nombrar a San Prudencio patrón de Alava por la gracia del juego de palabras. San Prudencio ejemplifica, por encima de las discusiones sobre su propia realidad biográfica, la prudencia circunstancial de los alaveses. Por tanto, nada tendría de extraño que nos fuéramos para casa. Por precaución y porque, al otro día, madrugaremos para asistir a un auténtico momentazo de intimidad. La interpretación del zortzico de San Prudencio por la banda de txistularis de la Diputación. A las 8 de la mañana y en esta misma plaza en la que hoy hemos descubierto con la Retreta nuestra muy sutil forma de entender la fiesta.
Claro que, si me preguntan, como buen alavés trataré de ser amable, pero dejaré la puerta abierta a una segunda posibilidad. Seguir la fiesta. Al final hay más años que años. Y éste puede tocar buscar la calle y acompañar la marcha de la Tamborrada o esperar su vuelta en cualquier esquina del Ensache. Por Dato, San Prudencio, San Antonio, Fueros,… Hasta que el cuerpo nos mande retreta de verdad. Mañana el plan vuelve a ser tan sencillo como el de hoy. Tenemos todo el día para subir, andando, hasta Armentia; a visitar al Santo en su bellísimo cobijo románico. Y a participar a nuestro aire en una romería que mantiene aún todo el sabor de lo eterno.

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