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Lunes, 2 de enero de 2006
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POLÍTICA
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Ibarretxe asegura que el proceso de paz es «irreversible» y defiende la vigencia de su plan
El lehendakari exige a ETA el «paso definitivo» de dejar la violencia, mientras reclama al Gobierno español que haga más flexible su política penitenciaria Aventura que 2006 abre una «nueva y trascendental etapa para la sociedad vasca», por muchas «dificultades que tengamos aún que superar»
MENSAJE DE FIN DE AÑO. Juan José Ibarretxe prefirió la sede de Presidencia para pronunciar, el sábado, su discurso navideño. / EFE
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El lehendakari dirigió en Nochevieja su tradicional mensaje navideño a la ciudadanía plenamente convencido de que 2006 supone el inicio de «una nueva y trascendental etapa para la sociedad vasca». Finalizado un año que ha alentado de nuevo las expectativas sobre el eventual final del terrorismo de ETA, Juan José Ibarretxe quiso insuflar la esperanza de que el proceso hacia la paz y la normalización política de Euskadi, traducida en un nuevo marco de autogobierno que pueda pactarse en una mesa de negociación multipartita, resulta «imparable», «irreversible» y sin «vuelta atrás» por «muchos altibajos y dificultades que tengamos aún que superar». Ante ese horizonte, la propuesta de nuevo Estatuto que el Parlamento aprobó hace doce meses conserva hoy «toda su vigencia» para resolver el «contencioso vasco», enfatizó.

Ibarretxe se asomó a los hogares de sus conciudadanos el último día del año con un telón de fondo muy distinto al de su anterior discurso navideño. Entonces, la Cámara de Vitoria acababa de avalar su plan de libre adhesión a España, gracias a los tres escaños cedidos por la ilegalizada Batasuna, y él debía gestionar un escenario sumamente delicado que pasaba por intentar forzar la negociación del proyecto en las Cortes. Abortada esa alternativa y con un nuevo reparto del poder en el Parlamento más ajustado, el protagonismo ha basculado en los últimos meses hacia la apuesta realizada por Zapatero para un final dialogado de la violencia y hacia la controvertida tramitación del Estatuto catalán.

En ese contexto, Ibarretxe combinó en su mensaje de Nochevieja la confianza en que se ha logrado «romper el inmovilismo político» y vuelve a atisbarse «una luz al final del túnel» tras años de «sufrimiento» y de «demasiadas víctimas inocentes»; una apelación para «trabajar» la paz con «valentía política» si se quiere evitar que el proceso fracase una vez más; y su convicción de que su plan sigue constituyendo una «aportación fundamental», que ha abierto «el camino para que otras naciones sin Estado reivindiquen sus derechos» y que contiene «los mimbres» para solucionar el conflicto vasco. La alusión a su proyecto, esquinado desde las elecciones autonómicas de abril, ocupó un breve espacio de su intervención, pero esa referencia cogió aire después de que Joseba Egibar rescatara el plan con vehemencia la víspera.

El resto de su dicurso se centró en el posible fin de la violencia. «Tenemos una cita con la paz», subrayó Ibarretxe, quien insistió en que el terrorismo continúa siendo «la barrera más terrible y dramática» para que la sociedad vasca pueda decidir sobre su futuro y exigió a ETA que dé «el paso definitivo». El lehendakari valoró como una razón para la esperanza el hecho de que la banda lleve dos años y siete meses sin asesinar, a pesar de que siga colocando bombas y realizando chantajes. Pero le instó a tener «la valentía» de declarar de «forma clara e inequívoca» que cesa su violencia.

Junto a ello, y en línea con lo que había expresado días antes al galardonar a dos sacerdotes mediadores en el proceso irlandés, el presidente vasco lanzó un doble llamamiento. Primero, al Gobierno de Zapatero para que asuma «su responsabilidad» y flexibilice su política penitenciaria, un gesto requerido con insistencia por la izquierda abertzale y el nacionalismo institucional; y después, a los partidos, para que busquen un nuevo acuerdo de convivencia que acabe refrendado por la ciudadanía en una consulta.

«No partimos de cero»

La receta de Ibarretxe pasa por que las fuerzas políticas trabajen con discreción, sin hablar tanto en los medios de comunicación y sentadas a una mesa «sin vetos ni exclusiones». Y precisó que será ahí dónde habrá que buscar el consenso sobre cómo se «interpreta» el derecho a decidir, sobre las relaciones entre los territorios «que conforman Euskal Herria» y el futuro estatus con el Estado. «No partimos de cero», remarcó, aludiendo a que todas esas cuestiones son aspectos nucleares de su plan.

Tras aseverar que Euskadi se encuentra «a las puertas de la solución y de la decisión», el lehendakari atribuyó a su generación la responsabilidad de aprovechar esta «oportunidad» para alcanzar la paz y el reconocimiento del derecho de los vascos a determinar su porvenir. Antes, Ibarretxe había dado unas pinceladas del bienestar económico del que goza Euskadi -por encima de la media europea- y reivindicado para su Gobierno «la centralidad» de la política vasca por su disposición a hablar «con todos, desde el PP a Batasuna».

El lehendakari citó expresamente el pacto cerrado con Madrid para iniciar las obras de la 'Y' ferroviaria, pero no explicitó el acuerdo con el PSE para aprobar los Presupuestos de 2006. Ahí, se limitó a mencionar genéricamente el diálogo abierto con los socialistas pero también con EHAK y Aralar para cerrar acuerdos en el Parlamento.



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