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Lunes, 2 de enero de 2006
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SOCIEDAD
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Malos humos en el frontón de Bergara
Los pelotazales siguen fumando a pesar de que la norma antitabaco lo prohíbe en recintos cerrados
BERGARA. Un pelotazale fuma un puro en el frontón. / L. A. GÓMEZ
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Dos finales paralelas tuvieron ayer lugar en el Frontón Municipal de Bergara: la organizada por Aspe que enfrentaba a Titín contra Irujo, y la más reñida, la organizada por el Gobierno que puso en duelo a los pelotazales con la nueva ley antitabaco. La victoria fue, sin dudas, para los aficionados a la pelota mano que llenaron el recinto con la tradicional nube de humo.

«Que vengan los de seguridad para darles mi número de cuenta». Hipólito Alonso, más conocido como 'Poli', tiene 60 años y lleva desde los quince acudiendo a los frontones con sus habanos, canarios y su copa en la mano. «Es el complemento de la pelota». Para Alonso ayer fue un día normal. «A mí nadie me ha dicho nada. Y si me lo prohíben me quedaré en el sofá viendo los partidos por la televisión». La norma, aprobada en el Congreso el pasado 15 de diciembre, prohíbe fumar en instalaciones deportivas cubiertas. Los frontones no se libran, aunque los aficionados aseguren que «no se va a poder cumplir». «No me lo pueden quitar, ya que venir aquí es disfrutar y, además, nos jugamos la 'tela'», reivindica Alonso.

La copa y el puro es una tradición arraigada que «no se puede quitar de la noche a la mañana». Ana Arambarri, de 46 años, acompaña habitualmente a su marido a los torneos de pelota y asegura que para que la ley se lleve a práctica tiene que haber «un cambio generacional». Así que el ambiente que se respiraba ayer en el recinto era el mismo que antes de aprobarse la ley, salvo una distinción: las bromas en torno al tema del tabaco. «No se debe fumar», «que alguien me lo prohíba», «te va a caer una multa». Eran algunas de las frases más repetidas, mientras los aficionados continuaban expeliendo el humo de sus puros.

Sin vigilancia

Una cosa es cierta, no había nadie que vigilase para efectuar las correspondientes denuncias, que van desde los 30 a los 600 euros. «Si prohibimos tenemos que cerrar todos los frontones. El elemento clave es el copazo y el habano», explica uno de los responsables de la empresa Aspe, Federico Azpiazu. «No estamos informados. Y no ha venido nadie responsable del ayuntamiento o del Gobierno vasco».

También hubo quien se posicionó a favor de la nueva ley. Hilario Aransal, corredor de apuestas y habitual en los frontones desde hace cuarenta años, acudió ayer dispuesto a no encender su habitual habano. «Traigo chicles y todo». Incluso, uno de los aficionados, Miguel Ángel Arrizabalaga, apagó su 'cohiba' en la misma entrada «por educación». Tras veinte años procediendo a la liturgia ha decidido «respetar le ley». «No voy a fumar aquí dentro». Para este chicarrón de Bergara si la gente lo sigue haciendo es «por chulería».



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