Difícil lo tiene cualquiera que intente denunciar una violación de la Ley Antitabaco, ya sea porque los compañeros de la oficina están utilizando el baño de fumadero o porque algún jefe amenaza a cualquiera que pretende salir a la calle a echar un pitillo. De hecho, ayer fue imposible que alguna institución se hiciera cargo de una queja ficticia presentada por este periódico. La «indefinición» y el «descontrol», según diversas autoridades vascas, con los que ha empezado a funcionar la ley, al menos en Euskadi, facilitan saltarse la normativa con total impunidad, ya sea por un lado o por el otro.