La presidenta del PP vasco, María San Gil, insistió ayer en sus críticas a un PSE al que considera «voluntariamente sometido» al nacionalismo y reprochó al partido de Patxi López que haya decidido ocupar el mismo «espacio político» que el tripartito y convertirse así en «la cuarta pata» del Gobierno vasco.
Una posición que, en opinión de la dirigente popular, se debe a que los socialistas vascos han demostrado, sobre todo tras el acuerdo presupuestario alcanzado con el PNV, que son «débiles en la defensa de la alternativa» pero «fuertes y ambiciosos en la consecución del poder», que pasaría, dijo, por instalarse en el Ejecutivo «junto al PNV». San Gil acusó al PSE de acabar el 2005 «apoyando los Presupuestos, el plan Ibarretxe y las enmiendas para los presos y Udalbiltza», pese a que los socialistas votaron en contra de ambas y han criticado las voces que en defensa de la propuesta del lehendakari han surgido en el PNV.
En su primera comparecencia del año, la presidenta de los populares vascos repartió, como es habitual, sus reproches entre el PSE y los peneuvistas, a quienes afeó que en sus discursos -Joseba Egibar, el lehendakari Ibarretxe y Josu Jon Imaz han hecho públicas sus reflexiones en los últimos días- hayan «pasado de puntillas sobre el tema de ETA» y trasladado así a la banda la impresión de que «no quieren derrotarla» sino «complacerla» para que los terroristas «decidan, siendo muy buenos, que dejan temporalmente de matar».
De hecho, San Gil lamentó que Imaz afirmase que sólo ETA «tiene la llave», con su decisión previa de dejar las armas, para abrir un proceso de paz. A su juicio, las palabras del líder jeltzale sólo sirven para «dar alas» a la banda, que se siente así «protagonista» del actual momento político. La dirigente popular defendió que «a ETA hay que aniquilarla» y en ningún caso «hablar» con los terroristas.
Preguntada por su valoración de los datos del último Sociómetro -la mitad de los vascos apoyarían que el Gobierno dialogue con ETA si la banda deja definitivamente las armas y un tercio incluso aunque no haya tregua-, San Gil achacó las cifras al «momento de 'buenismo'» que promueven el resto de partidos, a las preguntas «con trampa incluida» de la encuesta de Lehendakaritza y a que los sondeos son poco fiables en una sociedad «machacada por el miedo».
También subrayó San Gil el «resurgir» del plan Ibarretxe y lamentó que, en lugar de acometer proyectos «ilusionantes» que velen por el binestar de los ciudadanos, el PNV continúe anclado «en el mismo discurso cansino y aburrido de siempre».