El Correo Digital
Jueves, 5 de enero de 2006
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POLÍTICA
POLÍTICA
OPINION/Diferencias
Fue Juan María Ollora quien, en el tramo final del mandato de José Antonio Ardanza, cuestionó que la política de paz jeltzale -en el fondo la política de alianzas- fuese diseñada desde Ajuria-Enea. Los hechos demostraron que el problema no era el dónde sino el qué. El partido tomó las riendas de la situación y operó un cambio liderado por Egibar. Bastó que Ardanza mostrara una cortés disposición a no repetir como candidato en 1998 para que Arzalluz le tomara la palabra y fijara su vista en Juan José Ibarretxe. La primera legislatura de Ibarretxe fue inaugurada con una política ya trazada desde el partido, con la firma de la Declaración de Lizarra como compromiso fundamental. Pero su segunda legislatura como lehendakari, debido en buena medida a la apurada victoria de 2001, concedió a Ibarretxe un papel de liderazgo y autonomía respecto al EBB que no habían tenido nunca ni Garaikoetxea ni Ardanza. El acuerdo alcanzado por Imaz y Urkullu con el PSE en torno a los Presupuestos de 2006, frente a la actitud más impasible de Ibarretxe y Zenarruzabeitia, ha sido la primera ocasión en la que el EBB, el nuevo EBB, ha asumido la responsabilidad de la política de alianzas. Es como si la historia se repitiera, aunque en sentido opuesto.

Josu Jon Imaz ha negado que existan discrepancias internas respecto a la estrategia política en su partido. Así lo hizo también el pasado verano, después de que Egibar le contradijese remarcando que el PNV aspira a la soberanía plena y no a una mera cosoberanía. Puede que, siguiendo la conducta de José Antonio Ardanza, Ibarretxe opte dentro de dos años por mostrar su cortés disposición a no repetir como cabeza de cartel en las autonómicas. Y puede que, también en esta ocasión, el presidente del EBB le tome la palabra y gire su vista hacia otro como candidato a lehendakari. Pero antes de la fecha en que eso pueda producirse pasarán muchas cosas. Pasarán sobre todo las elecciones municipales y forales de 2007. En ellas la izquierda abertzale podría recuperar de facto la legalidad y regresar a los ayuntamientos y a las juntas generales, con la consiguiente pérdida de alcaldías para el PNV, de la mayoría absoluta en Bizkaia y Gipuzkoa, el nerviosismo en EA y la probable rebelión interna de los seguidores de Egibar, guipuzcoanos y no guipuzcoanos. La reivindicación del plan Ibarretxe, escenificada con la solemnidad de una rueda de prensa por parte de Egibar un día para ser remachada al siguiente por el lehendakari en su discurso de fin de año, constituye un desafío interno. Una forma de demostrar que Imaz no puede librarse de esa referencia en tanto que no puede negarse a la eventualidad de que el PNV opte por restablecer sus alianzas con la izquierda abertzale. También en esto hay diferencias, porque Egibar podría negarse con más facilidad a que su par tido vuelva al entendimiento con el PSE-EE. Porque probablemente Arnaldo Otegi pueda brindar más facilidades al segundo que Rodríguez Zapatero al primero.



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