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Jueves, 5 de enero de 2006
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POLÍTICA
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Con la escolta de Chávez
Voló a Madrid en un avión cedido por el presidente de Venezuela y custodiado por policías de ese país
REUNIÓN. Saluda en presencia de Moratinos. / EFE
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El protectorado de Hugo Chávez sobre Evo Morales no tiene límites. Tras volcarse en su campaña electoral y después de haberle recibido con todos los honores el martes en Caracas, ayer puso a su disposición un avión Falcon para el viaje a Madrid. Chávez no quiso ser menos que su amigo Fidel Castro y no sólo le facilitó la forma de volar a Europa, sino también un servicio de seguridad especial, tal vez porque días atrás algún colaborador de Morales había expresado sus temores a un atentado en su gira europea.

La sorpresa de las autoridades españolas al comprobar que en el avión viajaban tres escoltas venezolanos armados para proteger al «hermano» Morales fue mayúscula. Por ello, se hizo ver al presidente electo de Bolivia que los escoltas sólo podrían entrar en territorio español sin armas, a lo que ellos accedieron. No sólo tuvieron que dejar las pistolas en el avión, sino que tampoco pudieron seguir acompañando al mandatario boliviano.

Votos frente a armas

«La única diferencia que tengo con el 'Che' Guevara es que él levantó las armas, y yo quiero hacerlo (el cambio) con votos». Así resumió ayer su ideología Evo Morales, que retrasó su salida de Caracas y llegó con casi tres horas de demora a Madrid. El ministro Moratinos, con quien estaba citado a las nueve y media de la mañana, tuvo que esperarle hasta las once y media. Morales llegó con humor y le dijo que si Zapatero no acudía a su toma de posesión en La Paz, no tomaría posesión. Tras hacer esperar también más de una hora al ministro de Industria, José Montilla, sólo pudo enderezar la jornada a mediodía en el almuerzo con empresarios.

Por la tarde, se abrazó con Felipe González y se dirigió a La Moncloa para hablar con Zapatero. El presidente le esperó en la puerta y bajó las escaleras para saludarle al salir del coche, en el que llegó ataviado con su jersey del altiplano. Ni Zapatero ni Morales dejaron de sonreír hasta entrar en el palacio.



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