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Jueves, 5 de enero de 2006
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ÁLAVA
La Policía local de Vitoria sorprende a un escolar con drogas cada dos días
Los agentes destacan la escasa respuesta de los padres, cuando «este fenómeno es para preocuparse»
DROGA. Varios agentes vigilan un instituto vitoriano. / J. RODRÍGUEZ
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La Policía Municipal no deja de salir de su asombro al comprobar cómo circulan las drogas por los institutos de Vitoria. Algunos chavales se las fuman, pero otros incluso llegan a traficar. Para ellos ya es habitual quemar un trozo de hachís, liarse un 'porro' y compartirlo con los amigos de su clase. Al otro lado, peinando las calles y el entorno de los centros, se encuentran los agentes, que tratan de llevar a cabo su particular cerco al 'trapicheo'. Y su actividad cada vez arroja mejores resultados. A lo largo de 2005, los municipales expedientaron a 184 escolares que consumían o portaban cannabis o marihuana, un 64,2% más que en 2004.

El incremento, subraya la Policía, es la consecuencia directa de una mayor vigilancia, que también ha permitido remitir 14 diligencias al juzgado por tráfico de drogas y detener a 25 personas, sobre todo en operaciones llevadas a cabo en seis bares. En tres de esos locales no sólo se permitía consumir droga, sino que se vendía en la misma barra, como un producto más.

Los chavales acuden a este tipo de establecimientos pensando que esquivan a la Policía de Barrio, «pero lo que no saben es que tenemos agentes de paisano que merodean por todas esas zonas», explicó a EL CORREO el oficial de gestión de la Guardia Urbana, José Antonio Ferreiro. El portavoz de Aguirrelanda asegura que el próximo día 9 arrancará una nueva campaña de vigilancia por los colegios que durará hasta el verano. «No vamos a parar», advierte.

Notificaciones

Cuando los agentes sorprenden a un menor con hachís, envían una carta a su casa para informar del hecho. No obstante, Ferreiro constata que «seguimos viendo que muy pocos padres responden a estas misivas». ¿Los motivos? Algunos prefieren llevarlo en secreto por vergüenza, lo que supone que el episodio se queda en una sonora bronca familiar. Otros, agrega el agente, «simplemente no se lo creen y niegan lo que ha pasado. Piensan que su hijo es incapaz de hacer algo así, cuando en realidad le hemos pillado 'in fraganti'. Deberían saber que el Ayuntamiento tiene psicólogos dispuestos a ayudarles».

El consumo de drogas en los centros escolares, insiste el portavoz policial, «es para preocuparse». El perfil del joven que fuma 'porros' es un varón de entre 15 y 21 años que compra de 1,5 a 10 gramos de hachís a un precio de entre 5 y 30 euros.



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