El Correo Digital
Sábado, 7 de enero de 2006
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CULTURA
A PROPÓSITO
Soplando
La ministra de Sanidad pide una reflexión sobre la ingesta problemática de alcohol y al mismo tiempo avanza que no será necesaria una ley igual a la que rige sobre el tabaco ya que «no se trata de restringir el consumo, sino de atender los focos del problema». Pues tiene ahí una de esas problemáticas focalmente endiabladas, litros de alcohol corren por las venas de lo que viene a ser el cuerpo social que anda más bien agarrado a las farolas. Se encuestará a 27.000 adultos para saber cuánto le dan a la botella, recipiente al que alguien definió como un cilindro de vidrio utilizado comúnmente por los borrachos para abrir cabezas. Entre esta y otras pesquisas estadísticas está proyectado averiguar datos sobre la posible influencia del abuso de la bebida en los índices de fracaso escolar. A gentes ancianas de pueblo yo les he oído contar que cuando las infancias del hambre, el aliento de unos tragos de aguardiente, habitual desayuno, delataba la vida miserable de compañeros de escuela. ¿Cómo se explica que en la era del donuts, el siglo de la bollería, pasen estas cosas?

¿Qué pasó en los pubs de Inglaterra? Era el pasado noviembre cuando el inglés dejó de mirar el reloj para ver de tomarse la última 'pinta'; ya disfruta desde entonces de barra libre todas las horas del día, que en su país no son precisamente luminosas. Se modificó una vieja ley de más de cincuenta años y Tony Blair se preguntaba si no se había cometido un error colosal. Las solicitudes de permisos para trasegar ad libitum rebasó las previsiones gubernamentales que se temieron la amenaza del binge drinking, un a modo de tsunami, o sea, oleadas de espuma alcohólica, un beber y beber y beber y después vomitar, calificado como la 'nueva enfermedad inglesa'. La probabilidad de morir de una cirrosis hepática para hombres y mujeres entre 35 y 44 años es ocho veces más elevada que en los años 70, alertó la autoridad sanitaria. Y mientras los británicos soplan ahora a la manera 'continental', es decir, tranquilamente sentados, entre amigos, filosofando sobre el mundo, la nueva estrenada ley propicia un castigo nuevo y la Policía multa con 120 euros el flagrante delito de embriaguez en las calles.



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