Soy un empresario hostelero de ésos que tienen más de cien metros cuadrados útiles para el público, a los que el Estado español, por medio de su nueva ley antitabaco, no ha permitido elegir. El resultado tras la colocación de los cartelitos de prohibido fumar ha sido catastrófico. ¿No entra a nuestros bares absolutamente nadie! Resulta que somos un 15% los establecimientos de toda España en los que no se permite fumar y nuestros clientes, fumadores o no, han decidido ir a los que se permite fumar, porque ¿quién no tiene un amigo o un familiar fumador? Los locales que superan por poco esos 100 metros cuadrados corren veloces a idear fórmulas, aunque sean ficticias, para poder colgar el 'se permite fumar'. Y los que los sobrepasamos con creces no sabemos qué vamos a tener que hacer. Ni sabemos siquiera si hasta que pasen esos ocho meses en los que nos permiten hacer obras para habilitar espacios de fumadores podemos permitir fumar o no, o sólo dentro de esa futura zona, o qué. ¿Que escuche, pues, quien tenga que hacerlo! O se prohíbe fumar en todos los sitios, o se deja elegir absolutamente a todo el mundo. O se ayuda con subvenciones a los que no les dejan elegir, o a una parte importante de nuestro tejido empresarial hostelero se le va a borrar la sonrisa de los labios, y a lo mejor también el talante. Y que recuerden dos cosas. Primera, que no gobiernan ni a alemanes ni a ingleses, que gobiernan a españoles con todas sus peculiaridades. Segunda, que en España lo único que nos funciona realmente es el turismo y que la hostelería es precisamente el motor de ese turismo. Dejen de avergonzarse de los hosteleros, que es lo que hay.