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Jueves, 12 de enero de 2006
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Se inicia el juicio contra Abú Hamza, símbolo del fundamentalismo islámico en Reino Unido
EXPECTACIÓN. Dibujo del imán Hamza durante su declaración en el juicio que se inició ayer. / AP
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El juicio contra el clérigo musulmán Abú Hamza, conocido por el garfio que sustituye una de sus manos, comenzó ayer en Londres en medio de una gran expectación. Sobre el ex imán de la mezquita londinense de Finsbury Park pesan quince cargos, entre los que se encuentran, el predicar a sus seguidores que «es un deber religioso matar a no musulmanes». El juicio del que se ha convertido en el símbolo del fundamentalismo islámico en Reino Unido y es considerado por muchos musulmanes como muy radical se prolongará, posiblemente, durante tres o cuatro semanas.

Su detención, en mayo de 2004, se debió a una solicitud de extradición de EE UU, aunque anteriormente Yemen la había solicitado también aduciendo que había participado en la preparación de atentados en el país. Uno de sus hijos pasó tres años en una cárcel yemení acusado de terrorismo. Tras el arresto de Abú Hamza, se encontró en su vivienda de Londres una enciclopedia de la yihad afgana, un manual terrorista en el que se explicaba en diez volúmenes, entre otros, cómo fabricar explosivos.

Abú Hamza, de 47 años, nació en Egipto en el seno de una familia de clase media, y obtuvo la nacionalidad británica después de casarse en Reino Unido con Valerie Fleming a principios de los ochenta, de la que se divorció cinco años después. Llegó a Londres en 1979 con la idea de convertirse en ingeniero civil y financió sus estudios trabajando como guardia de seguridad de un local del Soho.

Salto a la fama

Dejó el territorio británico durante varios años: pasó por Egipto, Pakistán, Afganistán y Bosnia. A mediados de los noventa su figura se hizo visible en Reino Unido, cuando sus sermones empezaron a ganar adeptos y llamaron la atención de la prensa, sobre todo la sensacionalista, que comenzó una campaña contra él.

La base de la acusación se encuentra precisamente en vídeos de charlas y sermones, en los que, según la acusación, predica odio e incita al asesinato. En ellos, al parecer, justifica los atentados de Nueva York y Washington, alaba a Osama bin Laden y advierte al Gobierno británico sobre las consecuencias de la invasión de Irak. Hamza, que siempre ha defendido su inocencia, ha negado su pertenencia a Al-Qaida y a menudo se ha quejado de que «a cualquiera que no esté de acuerdo con Occidente se le etiquete como terrorista».



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