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Jueves, 12 de enero de 2006
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POLÍTICA
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Bremer acusa a las tropas españolas que fueron a Irak de no ayudar a la coalición
El ex gobernador de EE UU en Bagdad tacha de «escándalo» la pasividad de los soldados ante la insurgencia
FUERZA DE PAZ. Un soldado español saluda a una niña iraquí. / EFE
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El ex gobernador estadounidense en Irak, Paul Bremer, dedica en un libro recién publicado en su país brutales críticas a la actitud que, según su versión, mantuvieron las tropas españolas enviadas por el Gobierno de José María Aznar

En sus memorias 'Mi año en Irak: la lucha por construir un futuro de esperanza' Bremer explica con gran detalle todas las frustraciones acumuladas durante su misión imposible como temporal 'procónsul' en Bagdad. La lista de obstáculos la encabezan la propia Casa Blanca y el Pentágono, a los que reprocha que hicieran oídos sordos a su petición de desplegar más soldados para hacer frente a la insurgencia surgida tras el derrocamiento de Sadam Hussein. Pero en la relación de quejas también ocupa un papel recurrente la multinacional 'Brigada Plus Ultra II' al mando del general Fulgencio Coll, actual responsable de la División Mecanizada Brunete número 1.

Bremer comienza su memorial de agravios contra los militares españoles enviados por el Gobierno del PP indicando su supuesta pasividad ante los ataques orquestados por el clérigo chií Moqtada al-Sadr. Ante la urgente necesidad de hacer frente a estas milicias en la zona de Nayaf, asegura haber sido informado por el responsable militar de Estados Unidos en Irak, el general Rick Sánchez, de que «el comandante español en Nayaf se niega a cooperar. Dice que entrar en una ciudad en esta clase de misión viola sus reglas de enfrentamiento».

Esta descoordinación y falta de respuesta efectiva a las milicias de Moqtada al-Sadr es explicada más adelante por Bremer porque que la zona de Nayaf y sus proximidades «son el área de operaciones de un batiburrillo de fuerzas de la Coalición bajo mando polaco -unidades españolas, búlgaras, ucranianas y centroamericanas-, cada una con sus propias reglas de enfrentamiento- y cada uno informando a sus propias capitales nerviosas».

En enero del 2004, mientras Bremer se encontraba en Washington, las milicias de Moqtada al-Sadr realizan incursiones en Nayaf, ocupando una mezquita y organizando tribunales religiosos. Bremer dice ser informado de que «las tropas españolas responsables de Nayaf se están poniendo nerviosas y están hablando de 'diálogo'». Durante marzo del 2004, las milicias vuelven a la carga y Bremer es informado dos veces por sus colaboradores de que las tropas españolas se niegan a actuar en su zona, llegando a la conclusión de que la «falta de determinación» de los españoles no está haciendo más que «envalentonar» a estos insurgentes.

El entonces gobernador en Irak se declara satisfecho con la detención, un mes más tarde, de Mustafa al-Yacoubi, lugarteniente de Al-Sadr. Pero ante la nueva ofensiva de estas milicias, Bremer es informado de que los insurgentes «parecen pensar que pueden conseguir que los españoles se derrumben». Lo que más parece molestarle es que el contingente español haya publicado «un comunicado idiota» sobre el arresto de Yacoubi diciendo que ellos no han realizado esa operación sino «la Coalición desde Bagdad».

Cuando cientos de insurgentes de Al-Sadr empiezan a atacar de forma coordinada en Nayaf, Bremer es informado que los salvadoreños están luchando pero que los españoles se niegan a participar en los combates. Bremer indica que el general Coll debería ser relevado fulminantemente de su mando y no duda en cantarle las cuarenta al embajador español en Bagdad, que le promete hablar con Madrid. Horas después, la ministra Ana Palacio intenta calmarle por teléfono pero argumentando que desconoce lo que pasa en Nayaf y que José María Aznar no se cree la atribuida pasividad de los españoles.

Paul Bremer denigra a los militares españoles «por tomar la posición de que a menos que sean específicamente atacados, no van a intervenir, pese al hecho de que soldados estadounidenses e iraquíes están muriendo ante sus ojos. Están sentados encima de sus tanques alrededor de su base sin hacer nada. Es un perfecto escándalo»



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