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Jueves, 12 de enero de 2006
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SOCIEDAD
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La encrucijada de Fátima
El anuncio de Wojtyla del 'tercer secreto', que ha obsesionado a Agca, dio una luz sobrenatural al atentado
Juan Pablo II, ante una estatua de la Virgen de Fátima, en 1991.
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Casualidad o milagro, los destinos de Ali Agca y Juan Pablo II se encuentran y tienen una lectura bajo la luz de las profecías de Fátima. Para la Iglesia, el atentado ha acabado por convertirse en el cumplimiento de una de las premoniciones que la Virgen habría comunicado a los tres pastores portugueses en 1917, un evento trascendental que lo convierte en uno de los hitos del pontificado de Wojtyla. Para el terrorista, de forma más pragmática e independientemente de la sinceridad de su conversión mística, ha significado convertirse en «instrumento inconsciente de un plan misterioso». Una coartada sobrenatural magnífica para construir la última versión de su personaje, la de loco iluminado.

En cualquier caso, muchas piezas encajan y el resultado es fascinante. El atentado tuvo lugar el 13 de mayo, fiesta de la Virgen de Fátima y, otra curiosidad, la primera persona que retuvo a Agca tras el disparo fue una monja llamada Lucía, como la última superviviente de los tres pastores, también religiosa. El Papa donó el proyectil que le hirió al santuario de Fátima, donde ahora está incrustado en la corona de la Virgen, y mostró luego su convicción de que su mano había desviado la bala. Tan sólo un año después del atentado viajó a Fátima, donde reconoció: «Cuando recuperé la conciencia, mi pensamiento vino de inmediato a este santuario». Pero otra cosa que hizo enseguida tras el atentado fue pedir que le llevaran desde el Archivo Secreto del Vaticano el sobre donde se conservaba el llamado tercer secreto de Fátima.

Wojtyla no había leído todavía el famoso texto escrito por Sor Lucía el 3 de enero de 1944 en el que relataba las visiones que ella y sus dos compañeros tuvieron el 13 de julio de 1917 en Cova de Iria. Se conocían dos partes, que pronosticaban la Segunda Guerra Mundial y la conversión de Rusia, pero una tercera se mantenía en secreto. Juan Pablo II abrió aquel sobre por primera vez el 18 de julio de 1981. En realidad eran dos: uno blanco con el texto original de Lucia y otro naranja, con la traducción italiana. Leyó el secreto y lo guardó para sí.

El 27 de diciembre de 1983, Wojtyla visitó en la cárcel a Agca y, según ha contado en su último libro, 'Memoria e identidad', se sorprendió al encontrarle muy interesado en los secretos de Fátima. Agca quería saber lo que decían -obviamente, el Papa no le reveló nada- y a partir de entonces empieza a hablar de ello cada vez más a menudo, desarrolla una vena religiosa desconocida y en el juicio llega a exigir al Vaticano que revele la tercera profecía. Algo leería Agca o en la cárcel tuvo mucho tiempo para usar la imaginación, pero lo curioso es que se ha mostrado especialmente clarividente. «He comprendido que he sido un fantasma en manos de algún terrible proyecto misterioso, y todo está escrito en el tercer secreto de Fátima», escribió en una carta al Vaticano en 1996.

Juan Pablo II no reveló al mundo el secreto hasta el 13 de mayo de 2000: hablaba de un «obispo vestido de blanco» que es asesinado por «un grupo de soldados que le disparan tiros y flechas».



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