Alrededor de 120 vecinos de Salvatierra y su entorno han firmado ya un escrito en el que exigen a Renfe que recupere los dos servicios de tren que suprimió el lunes entre Alsasua y Vitoria. La misiva está dirigida a la dirección regional de la compañía ferroviaria así como a la consejera de Transportes del Gobierno vasco, cuyo departamento subvencionaba los viajes.
Una iniciativa similar está en marcha en las localidades navarras de Alsasua y Olazagutía, donde han suscrito la protesta otros 150 ciudadanos. Las adhesiones se recopilan en las estaciones afectadas y en comercios y establecimientos locales.
Los firmantes del escrito muestran su «indignación» por la clausura de unos servicios -el primero salía a las 6.45 de Alsasua y el segundo regresaba a las 21.40 de Vitoria- que utilizaban, sobre todo, estudiantes y trabajadores. «Renfe y el Gobierno vasco deben ser conscientes de que los ciudadanos que vivimos en los pueblos también tenemos derechos, entre ellos el de disponer de servicios públicos adecuados», reivindica con rotundidad el documento.
Las personas que secundan el texto denuncian la «zozobra» que periódicamente les causan todos los intentos de anular estos viajes, en alusión a la anterior tentativa de la que se cumplen ya nueve años. Y reclaman que a los pueblos alaveses se les garanticen comunicaciones con la capital para poder «establecer planes y proyectos personales de futuro» con un mínimo de estabilidad y garantía.
Más usuarios
La iniciativa de recoger firmas partió de usuarios afectados y de los comités de Renfe en Álava y Navarra. «Los datos que ha esgrimido la compañía, que reducen la utilización del tren a una decena de personas, son falsos», aseguró el factor de la estación de Salvatierra, Juan Manuel Ibrahim. «El viaje de ida a Vitoria reunía por lo menos cada día entre 50 y 75 viajeros», zanjó.
«Sólo en Agurain nos montamos de 30 a 35 usuarios y otros subían en San Román o Araia, y luego en Alegría», ratificó Carmen Iglesias, quien utilizaba el tren de primera hora para acudir a trabajar al Palacio de Justicia de la capital alavesa. «Es cierto que a la vuelta había menos usuarios, pero el servicio era necesario para que el tren volviera a salir a la mañana siguiente desde Alsasua», puntualizó. A su juicio, la media de pasajeros entre los dos viajes es buena y, «en cualquier caso, su rentabilidad social trasciende la estrictamente económica».