Pasa por ser uno de los técnicos más brillantes de la Administración local. Primero, en la institución municipal como director de Medio Ambiente y, luego, en la foral con el mismo cargo. Coimpulsor del anillo verde, el principal símbolo ecológico de Vitoria, el ingeniero de Montes Jorge Ozcáriz regresa de nuevo al Ayuntamiento para alumbrar el futuro Observatorio de la Sostenibilidad y, después, capitanearlo. En esta entrevista analiza, desde su óptica proteccionista, el presente y el futuro de la ciudad.
-Estrena cargo al frente de una especie de oficina llamada a coordinar y potenciar las iniciativas ecológicas de la ciudad. ¿Es un proyecto con vocación meramente organizadora, publicitaria o supone el espaldarazo definitivo a Vitoria como ciudad 'verde'?
-Es un paso más dentro de la trayectoria que sigue esta ciudad en materia de desarrollo sostenible. En este caso tiene que ver con la coordinación y el impulso de nuevas iniciativas que aglutinen lo medioambiental, lo social y lo económico.
-Aún está por crear. ¿Es un plan madurado o le han llamado para que le dé forma?
-Hay un primer documento que recoge y define las líneas de trabajo. Ahora estamos analizando en detalle cómo desarrollarlas. Esperamos poner en marcha el observatorio en seis u ocho meses.
-¿Que Vitoria reciba tantos reconocimientos medioambientales se debe sólo a una labor ejemplar de campo o también a una inteligente estrategia de márketing?
-Se debe, sobre todo, al respaldo político que ha habido siempre en torno a este tema. Primero con Cuerda, ahora con Alonso y en medio con Pizarro. Y las cosas que se hacen bien son muy fáciles de vender. También es verdad que en Álava hay una conciencia histórica de conservación y respeto por el medio ambiente.
-Da la sensación de que ahora los ecologistas van por detrás de las instituciones y que el colectivo se ha desinflado.
-Eso es cierto. Con respecto a los años setenta y ochenta, ha habido cierto desinfle. Al menos, en Álava. Ya no son tan numerosos ni tan incisivos. Y es que como la Administración ha asumido gran parte de sus planteamientos, su margen de crítica es menor.
-¿No le llama la atención que lo 'verde' sea casi la única materia que suscita consenso entre los partidos en esta ciudad?
-Lo 'verde' no son sólo pájaros y flores. Se traduce en calidad de vida, en un ocio más agradable, y eso nos gusta a todos. Transmitir al ciudadano un desacuerdo en torno a políticas que van en esa dirección no es rentable.
-El Gabinete Alonso ha diseñado un plan para amortiguar el efecto invernadero que prevé invertir 20 millones en cinco años. ¿Conoce los detalles de la estrategia?
-Pues, no.
-Entre otras cuestiones se propone incrementar en un 10% los usuarios del transporte público. ¿Lo ve factible?
-Sí, pero para eso es imprescindible ofrecer un transporte público de calidad, cómodo y cercano. La clave está en que el conductor se dé cuenta de que es más rentable, cómodo y tranquilo desplazarse a pie, en bici o en urbano. En ese aspecto el tranvía va a ser muy importante.
-¿Y ahora tiene calidad?
-Sinceramente, es mejorable. La prueba es que Vitoria todavía es cómoda para circular en coche. No sólo eso. Es la capital vasca en la que proporcionalmente se producen más desplazamientos de este tipo. Nuestro reto es cambiar esto. De hecho, va a ser una de las prioridades del observatorio.
Intereses económicos
-Recogida neumática, contenedores específicos, muchos espacios naturales. ¿El crecimiento urbanístico de la ciudad también se hace con criterios sostenibles?
-Se está intentado adaptar a esos criterios. Desde mi punto de vista, Salburua y Zabalgana tienen déficit de densidad. Es decir, la ocupación de suelo es excesiva para las viviendas proyectadas. Los viales son demasiados am-plios y eso luego hace incómodos los desplazamientos, dificulta la ocupación de lonjas y resta vida. Hace que los barrios sean huecos.
-En el horizonte, el Sur y la amenaza de la Caja Vital, el Ayuntamiento y el Gobierno vasco para construir allí pisos. ¿Vitoria se juega aquí su reputación ecológica?
-La reputación ya la tiene, pero está claro que esa cuestión es muy importante para el desarrollo territorial de Vitoria. Es su enlace con la naturaleza de mayor valor ecológico. Por eso, plantear allí un urbanismo típico no tiene sentido. La iniciativa del alcalde para proteger la zona con una declaración de parque natural es fundamental. Va a condicionar el cierre de Vitoria por el Sur.
-Al final, ¿ganarán los intereses económicos o los 'verdes'?
-Se construirá en el Sur, pero con cabeza. Yo apuesto por eso.
-Mientras, en el resto de la provincia se suceden los proyectos para hacer campos de golf y urbanizaciones. ¿La Diputación vive con más relajo la sostenibilidad?
-No. Y no solamente eso sino que, sin ir más lejos, el informe preliminar de impacto medioambiental realizado por la Diputación para el proyecto de Laguardia ha sido desfavorable.
-Hace unos meses, cuando trabajaba para esa institución, lideró una auténtica batalla para impedir que se instalaran molinos de viento en Badaya. A priori resulta chocante que un ecologista plante cara a la energía limpia.
-La energía eólica es imprescindible para luchar contra el cambio climático. El problema es que cuando intentas ubicar estos parques en zonas de gran valor naturalístico ocasionas unos impactos que, a veces, superan con creces a los beneficios. Y este es el caso de Badaya.
-¿Qué factura han pasado los aerogeneradores?
-La más clara, que lo que antes era una sierra de primer orden, ya no lo es. Los molinos han desvirtuado el paisaje. Además, se han abierto unos 20 kilómetros de pistas. Me habría gustado que las Juntas de Álava hubieran tenido la misma sensibilidad que las de Vizcaya, que acaban de rechazar el mismo plan para Ordunte.
-¿Le ha dolido que allí el PNV se posicionase en contra valiéndose de los mismos argumentos que usted esgrime y aquí, en cambio, respaldara el parque de Badaya?
-El problema fue que los planteamientos que hicimos desde la Diputación fueron entendidos por algunos grupos de la oposición como una cuestión política. Y se trataba de un rechazo exclusivamente técnico, realizado por técnicos que llevan veinte años en la Diputación. En Vizcaya no ha pasado esto.