-Como a cualquier ecologista, le preocupa que se arranque espacio al monte. ¿La Vitoria-Eibar le parece una barbaridad?
-El tramo alavés es el que menos impacto tiene de todo el trazado. Aun así, ¿compensa? Pues, ya lo veremos. Con infraestructuras de este tipo lo que se hace es promover un modelo, el del uso masivo del transporte privado, que por otro lado es criticado. Es una contradicción.
-¿Y la 'Y' ferroviaria vasca?
-En este caso el impacto medioambiental es muy importante. Ahora bien, si este proyecto sirve para absorber gran parte del tráfico de mercancías que ahora se traslada por carretera en camiones, podría merecer la pena.
-¿Se acuerda a menudo de la proximidad de Garoña?
-Sí, claro. Vivir a escasos cincuenta kilómetros de una central nuclear, como es nuestro caso, genera cierta inquietud a cualquier persona. Al margen de que esté o no a favor de esa energía.
-El Ayuntamiento presume de haber impulsado una estupenda red de carriles para bicicletas. Colectivos de usuarios, por su parte, dicen que su estado es deficiente. ¿En qué quedamos?
-Ni una cosa ni la otra. Unos carriles funcionan bien y otros peor, porque no tiene continuidad. Yo creo que ya hay bastantes. En lo que hay que trabajar ahora es en las conexiones.
-¿Tiene una opinión igual de clara sobre del proyecto del Auditorio?
-Al margen de donde se ubique, me gustaría que se hiciera con consenso político. Ahora bien, yo lo veo más en el centro. Es una infraestructura que tiene que estar ligada al corazón de la ciudad por la actividad que va a acoger y el edificio al que se aspira. Tiene que ser cercana.
-La última. La recién estrenada ley antitabaco, ¿es sostenible?
-Yo no soy fumador, ja, ja. No tengo esos problemas. Pero en cuestiones que afectan directamente al ciudadano soy más partidario de educar y respetar que de legislar. Me escuece que a bote pronto se prohíba algo.