El Alavés volvió ayer a tiempo a la Liga. Cuando la fuerza centrífuga de la competición -visitas a Riazor y Camp Nou consecutivas- amenazaba con agravar su mareo hasta el desmayo, la escuadra albiazul encontró la fórmula para mantenerse en pie. En el estreno de Juan Carlos Oliva como técnico -noventa minutos en pie dando instrucciones- llegó un gran y merecido triunfo ante el potente Deportivo que sirve de enganche en la pelea por la permanencia y de rearme moral para un grupo de jugadores que pocas veces ha formado un verdadero equipo. A través de la solidez, la actitud y, sobre todo, del recuperado acierto de los delanteros se transitó por fin hacia la necesaria efectividad. '¿Este equipo va el último?', era la incrédula pregunta que se repetía en las gradas del campo gallego.