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Domingo, 22 de enero de 2006
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CICLISMO
¿Cuántos vatios tiene una etapa?
David Herrero, licenciado en Química y el ciclista del Euskaltel más laureado en 2005, se entrena con el SRM, un aparato que desvela la potencia desarrollada, y con un medidor de ácido láctico
SRM. Las bielas van unidas al medidor y conectadas al visor. / SRM
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El ciclismo cambia de métrica. Ya no se mide por kilómetros u horas, sino por kilojulios, la unidad en que la Física habla del trabajo. Son los tiempos.

El belga Philippe Thys fue el primero en ganar tres veces el Tour (1913-1914-1920). Tenía un secreto, basado en sus inquietudes científicas: estaba convencido de que el organismo humano alcanza de madrugada el máximo de su capacidad física. Por eso, se levantaba a las tres de la mañana para iniciar sus entrenamientos. 'El Cojo', el bilbaíno que debutó en el Tour de 1910, vendió por cinco duros el bote con el que cruzaba a diario la ría para comprarse un reloj de níquel con el que controlar sus sesiones sobre la bicicleta. Fueron, a su manera, pioneros. Como más tarde Coppi, Lemond o Armstrong. Como ahora David Herrero, un ciclista que ha bautizado su futuro como corredor con tres siglas: SRM, el aparato medidor de la potencia que le acompaña en cada entrenamiento. Es la tercera variable. La preparación ya no depende del espacio o el tiempo, sino de los vatios. La medida no son ni los kilómetros ni las horas sobre la bicicleta, sino los kilojulios desarrollados. Al ritmo del SRM.

Una tarde, aún adolescente, David Herrero se presentó en la tienda que Carlos Canales tenía en Bilbao. Le dijo que quería ser ciclista. Canales le enseñó, encauzó su fuerza. Luego, un médico bilbaíno, Iñaki Iñigo, dirigió sus pasos. También Matxin y el equipo filial del Euskaltel le moldearon. Y así se hizo profesional. Pero aún le quedaba pulir su caudal de energía. Hace dos años descubrió la fórmula: SRM, un aparato colocado junto a la bielas y conectado a un pequeño visor ajustado al manillar. Con él calibra la potencia de cada pedalada. «Había visto que gente como Ullrich o Armstrong lo utilizaban», dice el corredor del Euskaltel-Euskadi. Desde entonces, cada día de entrenamiento de Herrero queda radiografiado: frecuencia cardiaca, vatios, tiempo, kilómetros y velocidad. Y también los valores máximos y medios de cada una de esas variables. Todos esos dígitos tratan de dar réplica a una pregunta: ¿Ha sido un buen entrenamiento? La mejor respuesta la dan los kilojulios.

«He llegado a 5.230 kilojulios. Fue un día de más de seis horas de entrenamiento, con subidas a Elgeta, Kanpazar y Arlaban. Fui solo y rodé a una media de más de 33 kilómetros por hora». Es su récord. Sabe que un buen entrenamiento debe pasar de 4.000 kilojulios. «Me han dicho que Ullrich llega a veces a los 7.000». El camino está marcado: Riis desplegó más de 6.300 vatios para ganar la la Amstel Gold Race en 1997.

«Es indispensable»

David Herrero es químico, licenciado por la Universidad del País Vasco. Es también un ávido lector de artículos científicos sobre fisiología, dietética o biomecánica. Es un constructor de su propio método. El SRM es su bastón de apoyo. «Para mí es indispensable. Cuando haces una prueba de esfuerzo los datos del pulso y la potencia te dan tus umbrales físicos -los límites por encima de los cuales los músculos se llenan de ácido láctico, el veneno para las fibras-. Pero el pulso varía de un día para otro. No es tan fiable. En cambio, la potencia no cambia. Cruzando datos, Herrero lee su cuerpo: «Sé que estoy bien cuando, por ejemplo subo Unbe a 200 vatios de potencia y 110 pulsaciones. Otros días, en cambio, para la misma potencia, necesito 140 pulsaciones». Algo pasa entonces: o está cansado o no asimila bien el trabajo.

Unbe, el Vivero y una rampa del 10%de desnivel que tira desde El Peñascal hacia el Pagasarri son sus campos de ensayo, su laboratorio. «Leí que Michele Ferrari -el médico más famoso del ciclismo- le hacía tests a Armstrong en una cuesta de un kilómetro al 10%». Herrero se empacha de kilojulios en un escenario similar al del Armstrong. Él también es un devoto del SRM. El simulacro es otra de sus tácticas: «Tengo grabados mis datos de los últimos kilómetros de la Milán-San Remo, de la subida a La Cipressa y el Poggio. Y para preparar esa clásica haré sesiones de más de seis horas y trataré al final de alcanzar el mismo número de vatios que en carrera». No será fácil llegar a 500 vatios y mantenerlos durante tres o cuatro minutos con más de 200 kilómetros lastrando las piernas. Pero ésa es la vía que ha elegido hacia el éxito. Herrero es un científico, busca la raíz tecnológica de la victoria. Su bata blanca es un maillot naranja.

Y es un perfeccionista. En 2005 fue el ciclista más laureado del Euskaltel-Euskadi: cuatro victorias. Ahora quiere más, y de mayor entidad. Por eso, durante algunos entrenamientos se hace a sí mismo pruebas de lactato. Tras un esfuerzo intenso en una de sus cuestas de ensayo, se detiene y se pincha en el lóbulo de una oreja para obtener una gota de sangre. Luego, la coloca en el 'Lactate Pro', otro aparato, y comprueba el nivel de ácido láctico. Ya en casa compara ese baremo con los obtenidos en días anteriores. Así sabe su estado real de forma. «Lo normal es entrenarse por debajo de 4 milimoles de lactato», explica didáctico. El entrenamiento a destajo sirve para elevar también ese umbral, para retrasar la fatiga, para seguir.

2.400 euros

El disco duro del cerebro de Herrero archiva cada dígito. «Te ayuda a conocerte mejor». El SRM le guía, hace de lupa para alumbrar el proceso que va desde los pedales hasta las arterias y los músculos. El ciclista de Rekalde escucha a la máquina, sigue su dictado y aprende a negociar con la agonía. La pantalla del SRM y la sangre le explican cómo es su interior. Después, frente al ordenador, se estudia, se compara, se desbroza. Lee la versión más moderna del ciclismo, la de Armstrong, Ullrich o el CSC de Basso. A Thyss, el viejo campeón, le hubiera gustado el SRM. Y al 'Cojo', aunque hubiera tenido que ahorrar algo más que cinco duros. El SRM de Herrero cuesta unos 2.400 euros, aunque él no lo considera un gasto sino una inversión.



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