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PALABRA DE KENNEDY
Dos libros discrepan sobre la autoría de las palabras que pronunció el presidente Kennedy en su toma de posesión
Mensaje. Jacqueline escucha a John F. Kennedy en su primer discurso como presidente.
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La víspera del 20 de enero de 1961, una espectacular nevada cubrió la capital de Estados Unidos. Pero las opciones de cancelar o retrasar los planes para la triunfal toma de posesión de John F. Kennedy fueron rápidamente descartadas. Con una victoria demasiado estrecha sobre su rival, Richard Nixon, el nuevo inquilino de la Casa Blanca tenía prisa, pese a sus 43 años de edad, para empezar.

Tras asistir a misa en la iglesia de la Santa Trinidad en Georgetown, el presidente electo llegó en compañía de su antecesor, Dwight D. Eisenhower, a la colina del Capitolio para la ceremonia durante la que pronunciaría uno de los discursos más legendarios en la oratoria política del gigante americano.

Cuarenta y cinco años después, dos recientes libros sobre aquella memorable jornada -rebosante de esperanzas y entusiasmo a pesar de que las temperaturas nunca superaron los cinco grados centígrados bajo cero- han llegado a conclusiones contradictorias sobre la verdadera autoría de las 1.355 palabras pronunciadas por el presidente Kennedy en su toma de posesión. Una discrepancia que resulta sorprendente, dado que ambos autores han consultado los mismos documentos y han entrevistado a los mismos protagonistas todavía con vida.

Una frase histórica

En 'Ask not' (Editorial Henry Holt), Thurston Clarke argumenta que los párrafos más inspiradores, poéticos e inmortales de lo que el no duda en describir como «el discurso que cambió América» fueron redactados por el propio Kennedy, incluido el repetido pasaje de: «Así pues, compatriotas: pregúntense no lo que su país puede hacer por ustedes, sino lo que ustedes pueden hacer por su país. Conciudadanos del mundo: pregúntense no qué pueden hacer por ustedes los Estados Unidos de América, sino qué podremos hacer juntos por la libertad del hombre».

Sin embargo, en 'Sounding the trumpet' (Editorial Ivan R. Dee) Richard Tofel conluye que a la hora de identificar y dar crédito a un solo hombre como autor del elocuente discurso inaugural, «ese hombre seguramente no debe ser John F. Kennedy sino Theodore Sorensen», uno de los hombres de confianza del presidente. Acreditado 'speechwriter' que en su genial vejez se dedica en estos momentos a escribir sus memorias.

Toda esta cuestión, que podría parecer trivial desde que las actuaciones públicas de los presidentes de Estados Unidos tienen más coreografía que una función del Bolshoi, en el caso de Kennedy desata pasiones que en el fondo intentan dilucidar la autenticidad de este político tan carismático como malogrado. Una llamativa polémica en parte fomentada por las reiteradas acusaciones de que el joven Kennedy tampoco fue el verdadero autor de su libro 'Perfiles de Valentía', que en 1957 le hizo acreedor del premio Pulitzer.

Durante años, Theodore Sorensen ha negado que su mano estuviera detrás del ejercicio de oratoria celebrado como uno de los mejores discursos de toma de posesión pronunciado por un presidente de EE UU y que la Biblioteca Kennedy en Boston facilita escuchar a través de Internet (http://www.jfklibrary.org/j012061.htm). Con todo, el origen de esta controversia se centra en lo ocurrido el 10 de enero de 1961 durante un vuelo de Washington a Palm Beach, en el que el presidente electo dictó a su fiel secretaria, Evelyn Lincoln, porciones del discurso consultando un borrador preparado por Sorensen con aportaciones de Adlai Stevenson, y John Kenneth Galbraith. Ambos serían recompensados, respectivamente, con las embajadas de Estados Unidos ante la ONU y la India.

Apenas catorce frases

Thurston Clarke insiste en que el material incorporado no era «más que una compilación de ideas y temas que Kennedy había utilizado durante su vida adulta», lo que en su opinión permite identificar al presidente como arquitecto y constructor del famoso discurso. Para Richard Tofel, es incorrecto pensar que el discurso, a través de un simple dictado, sea atribuible a JFK. A su juicio, de las 51 frases que componen la histórica alocución, el presidente no es responsable de más de 14, incluyendo partes cuyo origen no está claro.

Más allá de ninguna duda, ambos autores coinciden en que las palabras más recordadas del discurso, la porción del «pregúntense no», tienen su origen en el exclusivo colegio al que Kennedy asistió en Connecticut antes de emprender sus estudios universitarios. El director de la Choate School solía repetir a sus estudiantes que lo más importante no era lo que aquel venerable internado pudiera hacer por ellos, sino lo que ellos pudieran hacer por su escuela.



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