Los vitorianos tienen un 50% más de probabilidades que hace sólo un año de pasear por su ciudad sin tropezar con una baldosa suelta o un bolardo roto. Las Brigadas de Actuación Inmediata, las BAI, han logrado reducir a la mitad las indemnizaciones que paga el Ayuntamiento a los ciudadanos por daños sufridos en la calle o en las instalaciones municipales. «La eficacia de estas cuadrillas que pusimos en marcha hace año y medio ha resultado clave para reducir los pequeños accidentes en la vía pública», explica el concejal de Hacienda, Javier Maroto.
«La celeridad en arreglar baldosas defectuosas o sueltas, los pequeños agujeros o desniveles o los fallos en el mobiliario urbano ha permitido reducir caídas y limitar su impacto», asegura el máximo responsable de las arcas municipales. «En el fondo, el mérito es de la colaboración ciudadana que se canaliza a través del teléfono 010», asegura. Luego son los quince operarios repartidos en cinco cuadrillas dependientes del área de Urbanismo los que arreglan cualquier deficiencia denunciada en los diferentes barrios de la capital.
Con todo, el Consistorio tuvo que pagar 168.000 euros -cerca de 28 millones de las antiguas pesetas- en 2005 para atender las reclamaciones de 123 vecinos que alegaron de forma razonada y comprobable haber sufrido daños. En algunos casos se trataba de lesiones físicas. Otras veces los daños son sólo materiales, al resultar afectadas prendas de vestir, automóviles u otro tipo de bienes.
Esta cifra, en cualquier caso, es casi la mitad de la contabilizada el año anterior, cuando se superaron los 300.000 euros en compensaciones. Si bien, el número de reclamaciones es similar en ambos ejercicios pese a reducirse los accidentes, debido probablemente a que los ciudadanos reclaman cada vez más en las instituciones.
Los responsables municipales niegan que el descenso de las indemnizaciones sea fruto de una política más restrictiva. «Baja el importe de las reclamaciones planteadas, la cuantía de los daños causados, lo que nos hace pensar que los percances y accidentes han sido menos graves», sostiene Maroto.
Junto a la actuación de las brigadas, también ha influido el carácter de las grandes obras realizadas en la ciudad. «No han disminuido, pero sí han sido de otras características», explica el teniente de alcalde. «La reforma de la rotonda de América Latina puede haber causado grandes trastornos de trafico, pero no accidentes. Ningún coche se cayó en el gran agujero», señala el edil.
Más peligrosos para este capítulo de gastos son la caídas, tropiezos o resbalones que propician pequeños arreglos de aceras o proyectos como la reforma del paseo del Santo.
En cambio, la frenética actividad constructora en Salburua y Zabalgana, donde sus primeros vecinos viven con las calles levantadas, a medio urbanizar, entre grúas, cascotes y máquinas, apenas se nota en este capítulo. En los nuevos barrios reside gente joven, menos propensa a sufrir este tipo de pequeños accidentes que la población de más edad.
Edad media o alta
«No tengo estadísticas detalladas pero buena parte de los ciudadanos afectados por estos percances en las calles son de la franja media-alta», confirma el concejal de Hacienda. «Es normal que así sea y por eso debemos evitarles obstáculos», resalta.
Pero no todas las reclamaciones derivan de caídas en la vía pública. Una decena de automovilistas han sido resarcidos por problemas que sufrieron sus coches tras ser retirados por la grúa municipal y trasladados a Aguirrelanda. «Hemos mejorado los accesos al almacén y también así hemos reducido las indemnizaciones», según Maroto.