Lo de Brigadas de Acción Inmediata suena, no me digan que no, a película de guerra. Si nos atacaran -pongamos- los andorranos, podríamos mandar a una BAI a defendernos. Pero el nombrecito oculta, según la sexta acepción en el diccionario de la Real Academia, a un grupo de trabajadores dedicados a una función específica, en este caso, las obras de urgencia en las calles vitorianas. Sea, pues, la paz. Lo que parece estar claro, también, es que en sus dieciocho meses de existencia han funcionado muy bien, según se mide de forma indirecta gracias a que el Ayuntamiento no debe indemnizar tanto por daños. Al sujetarse las baldosas y hacerse con rapidez otros arreglos menores, parece que gentes y objetos sufren menos accidentes. Lo que me llama la atención, si la solución era tan sencilla, es por qué no se le había ocurrido antes a nadie en los muchos años de funcionamiento municipal, democrático o no.
Y ya que hablamos de arreglos, una pregunta que me agobia. ¿Cuánto nos cuesta mantener el funcionamiento de los pirulos -o bolardos- que suben y bajan para dejar pasar a las zonas peatonales a ciertos vehículos sí y a otros no? Todos, todos los días hay alguno desmontado y con los operarios alrededor. Son, sin duda, maquinarias muy delicadas.